El modernismo profetizaba erróneamente la desaparición de la religión con el fortalecimiento de las ciencias. Todo problema humano, presagiaban, se solucionaría con el desarrollo de la humanidad con ayuda de la razón. Sin embargo, en nuestro mundo posmoderno:  “[l]os principales problemas con que nos enfrentamos actualmente tienen su origen en la religión. La mayor parte de los problemas de terrorismo y contraterrorismo tienen su fundamento en el fanatismo religioso y en sistemas extremistas de creencias”.1

El mundo actual requiere de teologías de cooperación ecuménica, de diálogo, y mejor entendimiento con el propósito de plasmar el Reino en una justicia social.
En un mundo dominado por una cultura de muerte, las personas buscan la vida en la religión. En una sociedad desgarrada por el quebranto y la desesperanza, las personas buscan esperanza y sentido en la religión. 2

Sin embargo, en los últimos 50 años tanto las iglesias protestante-evangélicas como la Católico Romana han venido teologizando sobre la importancia del diálogo.  Para desarrollar esta actitud de mutuo respeto a través del diálogo, encontramos varias directrices.3

  • Primeramente se menciona que el diálogo es una búsqueda de la “verdad”. Debemos considerar que tanto la iglesia Católica Romana como la Protestante- evangélica disponen de una revelación histórica, de las cuales ambas ramas del cristianismo podemos rescatar para un aprendizaje mutuo.
  • Segundo, “el diálogo no compromete la propia fe”, no significa generar un nuevo cristianismo, sino llevar una agenda con mutuo respeto a las afirmaciones y creencias de cada fe.
  • Tercero, “el objetivo del diálogo no es la negociación” pues el diálogo debe permitir que las diferencias lleguen a un nuevo entendimiento. Por tanto, las discrepancias no desaparecerán con el diálogo. Pero tales diferencias pueden buscar abrir nuevos espacios para desarrollar de manera creativa una interacción para el mejor entendimiento.
  • Cuarto, el diálogo ayuda a generar esperanza en un mundo de desesperanza. ¡Imagínense, por ejemplo, lideres de la iglesia Católica Romana, y de las ramas Protestantes y evangélicas generando una ponencia en cuanto al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, y las políticas de inversión en nuestro país!
  • Quinto, toda perspectiva excluyente, lenguaje confrontativo, y actitud enjuiciadora no deben disponer de un lugar en el diálogo. El diálogo debe incorporar transparencia, sencillez, humildad para lograr esa mutua comprensión.

El diálogo que la iglesia Católico Romana y la Protestante-evangélica deben iniciar es un diálogo por la vida. Un diálogo cuya agenda puede incluir problemas sociales como la prostitución infantil, violencia domestica, niñez en riesgo, inseguridad ciudadana, entre otros. Así el diálogo por la vida se torna en una oportunidad autentica de testimonio al mundo. Allí experimentamos esa cercanía de lo que es el mutuo entendimiento de la necesidad humana por significado, paz, esperanza, y bienestar para los más explotados en nuestra sociedad: mujeres y niñez, aun más las niñas. Esta es la tarea misionológica del diálogo: una oportunidad para aprender y explorar (y cambiar) mientras testificamos de Cristo en términos de justicia social.

La iglesia manifiesta el amor de Dios en Cristo para el mundo— a través de palabra y de hecho, en identificación con toda la humanidad, en un servicio de amor y proclamación gozosa…. En el corazón de la vocación de la iglesia hacia el mundo esta la proclamación del reino de Dios inaugurado en Jesús el Señor, crucificado y resucitado. 4

¡Vivimos en un cosmos que le pertenece a Dios, una misión que es de Dios! La iglesia tiene la responsabilidad y la bendición de responder como agente del Reino a participar de la misión de Dios en el mundo.

Para terminar permítanme mencionar al Apóstol Juan en su Apocalipsis (7:9-10) nos muestra una visión futura de la iglesia diciendo “Después de esto, miré y ví una gran multitud de todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. Estaban en pie delante del trono y delante del Cordero, y eran tantos que nadie podía contarlos. Iban vestidos de blanco y llevaban palmas en las manos. Todos gritaban con fuerte voz: “¡La salvación se debe a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero!”

Imagínense, protestantes, evangélicos, Católico Romanos, y muchos más gritando a fuerte voz: “¡La salvación se debe a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero!” No a ninguna denominación o rama del cristianismo.

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[1] International Herald Tribune, 22 de mayo de 2003, p. 7
[2] Consejo Mundial de Iglesias, COMITÉ CENTRAL Ginebra, Suiza 26 de agosto – 2 de septiembre de 2003, p.1. Disponible en Internet  http://www2.wcc-coe.org/ccdocuments2003.nsf/index/gen-2-sp.html
[3] IDEM
[4] Scherer, James A.; Bevans, Stephen B. New directions in mission and evangelization. Maryknoll, NY: Orbis Books, 1992, p.32.

Osías Segura

Autor: Osías Segura

Profesor adjunto en Fuller Theological Seminary



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