En Costa Rica tradicionalmente tomamos café por lo menos tres veces al día. No sé si J.R.R. Tolkien se inspiro en los Ticos para diseñar sus Hobitts. Fíjense bien, en la mañana café para el desayuno, de nuevo a media mañana (alrededor de 9:00), y posteriormente cafecito por allí de las 3:00 p.m. ¡Amamos nuestro café, y aun más si no esta pela’o! El café que me gusta, realmente, es el descafeinado marca Britt®. ¡Ya se, ustedes los bebedores profesionales de café me dirán que no soy un verdadero cafetero! ¡Café sin cafeína no es café! Bueno, deben comprender que cuando se entra en la década de los cuarenta, no todo se le hace a uno permitido.

En fin, mi café descafeinado es rico, suave al estomago, no me hace sudar las manos, y no me da taquicardia. Y aun más importante, siempre me hace pensar en compartirlo con una conversación viva e inteligente. Creo que el ambiente de compañerismo que se construye alrededor del tiempo del café puede volverse en un modelo importante para la educación teológica. ¡Me explico! Sobre todo si las condiciones sociales y culturales nos permiten construir comunidad y teología mientras disfrutamos del cafecito. ¡La conexión entre tomar café y una buena conversación es tan fuerte y directa que tomar café solo, debería ser considerado un crimen!

Yo creo que la educación teológica debería ser como cuando tomamos café en comunidad con un grupo de amigos, y el profesor es un facilitador y moderador de la conversación. Cada vez que tomamos café debemos hacerlo con aquellos a quienes amamos, quienes les gusta conversar y compartir. Pues el compartir juntos, al menos una taza de café, proporciona una oportunidad excelente de desarrollar comunidad, un tiempo que incluso el Espíritu Santo usa para proporcionarnos los temas de conversación. Simplemente podría ser la combinación de una temperatura moderada, buen aroma, cafeína (tal vez controlada), buena azúcar, y la santa inspiración que pueden hacer de la escena cafetera tan conducente para teologizar. El disfrutar de una buena taza de café con amigos que les gusta reflexionar y conversar, y aun más que aman al Señor y sus Escrituras, es muy a menudo la forma cómo la teología se construye, o cómo se contextualiza.

En otras palabras teología se construye, no está simplemente escrita en libros. Se trata de poner en práctica nuestra reflexión de las Escrituras. Estudiamos las Escrituras para ponerlas en practica, y eso es teología. Para ello necesitamos una forma de educación que nos permita construir nuestra teología. Este tipo de acercamiento teológico implica un tipo de misión que requiere de reflexión, no sólo como individuos, pero también desde una perspectiva comunal con aquéllos que buscan el cambio. Esta reflexión es la praxis teológica; es algo hecho por y con aquéllos comprometidos a buscar el cambio social. Así, construir teología es una tarea del construir comunidad, y también una función pastoral de compartir nuestras heridas, y nuestras visiones para una sociedad transformada. En otros términos, debemos enfrentar las duras preguntas sobre la situación humana, debemos considerar los valores del Reino, y debemos confrontar aquéllos marginados de la posibilidad de reflexionar con las Escrituras. Con este tipo de acercamiento, nosotros comprendemos que la teología simplemente no se expresa en artículos o libros académicos, pero también puede expresarse en poemas, canciones, danza, y en ministerios transformadores. Necesitamos un tipo de educación que atienda a las necesidades y expectativas prácticas de nuestros pastores.

Propuesta para la educación teológica no formal:

Santiago el apóstol, nos brinda una interesante concepción de lo que podríamos llamar una espiritualidad practica. ¡El apóstol nos llama a practicar nuestras creencias! Veamos:

Santiago 1: 22 Sed hacedores de la palabra y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, ese es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural; 24 él se considera a sí mismo y se va, y pronto olvida cómo era. 25 Pero el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace. 26 Si alguno se cree religioso entre vosotros, pero no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. 27 La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse sin mancha del mundo.

Tristemente, la educación teológica ha llegado a ser identificada casi exclusivamente con filosofía abstracta y académica. Esto implica que hay pastores y misioneros que trabajan en “el mundo real” haciendo ministerio, mientras que hay profesores de seminario y otros intelectuales que se sientan detrás de sus escritorios cubiertos de papeles y hacen teología. ¡Allí hay un error!

Más bien, la teología debe verse como esa reflexión que debe llevarse a la práctica. Así considerando las Escrituras, nuestra historia, nuestro contexto cultural inmediato, en un diálogo amistoso con creyentes y no creyentes, podemos construir una teología que es pertinente a nuestras comunidades, inmanentemente práctica, indiscutiblemente entendible, y capaz de producir una verdadera conversión personal, y un cambio social significativo. La teología no es un producto en conserva que usted compra en un libro. La mejor teología siempre se construye con un ojo en la Escritura y el otro ojo en el contexto social en que vivimos. Esto es porque según Santiago debe haber una relación íntima entre el estudio de la Biblia, la conducta ética del creyente y su comunidad, y un cambio en las estructuras sociales (practica de la justicia). Por tanto una de las mejores maneras para empezar a hacer teología es generando un espacio de amistosa conversación, y un buen cafecito a la cultura Tica podría ser un buen modelo educativo no formal.

Si creamos una educacion no formal (café-)teológico notariamos lo siguiente:

  • Las clases son creativas, practicas y comunales: La educación teológica no formal busca la creación del conocimiento en comunidad y dialogo. Una taza de café en compañía de otros es un buen ingrediente para construir comunidad. Al sentarnos alrededor de una mesa, con café, el ambiente se construye, aun más, si nos reunimos y enfocamos nuestro diálogo alrededor de las Escrituras. En nuestro mundo posmoderno estoy proponiendo sacar la reflexión teológica fuera de nuestros templos académicos y religiosos, y así llegar a donde está la gente en su vivir cotidiano.
  • El profesor es un facilitador de la construcción del conocimiento para la práctica, y el crecimiento espiritual: Al reunirnos alrededor de una mesa nos estimulamos para participar, mientras el facilitador de estudio (profesor) se vuelve un guía para nuestra jornada a través de las narrativas bíblicas. Un buen método para empezar es en enfocarnos leyendo primero las Escrituras con una actitud “de escuchar.” Esto puede hacerse a través de un proceso de lectio divina, por ejemplo. Las Escrituras deben transformarnos, para que luego pueda transformar la sociedad.
  • Se busca escuchar al Espíritu Santo, pues nos interesamos en aplicar conocimiento: Después de que escuchamos a las Escrituras nos abrimos a la dirección del Espíritu Santo. Es decir, creemos que es Dios mismo quien nos está desafiando a actuar después de nuestra lectura, para así permitir que las Escrituras desafíen nuestra conducta ética. Una pregunta inicial puede ser: ¿Qué debemos hacer en nuestras comunidades con lo que hemos aprendido en nuestro estudio teológico de hoy? En otros términos, no sólo nos preguntamos ¿Qué significa un pasaje particular, pero también qué vamos a hacer prácticamente con lo que aprendimos en dicho pasaje? Los movimientos del proceso de leer, a través de la reflexión, para desafiar, y entonces orientarnos a la acción que lleva a la transformación social. De esta manera, la comunidad de creyentes obedecen lo que ellos están leyendo y participan juntos del edificar del reino de Dios en la tierra.
  • ¡Una educación no formal teológica como esta tiene implicaciones radicales! ¿Pero de qué vale leer la Biblia con el propósito de simplemente estudiarla cognoscitivamente? Debemos acercamos a las Escrituras con el propósito de conocer a Dios de manera inteligente, y enamorarnos de Cristo. A la vez que nos descubrimos para ser conocidos por Dios, y así recibir el reto de reflexionar, y actuar para transformar nuestras vidas, y nuestras comunidades. Éste es un acercamiento muy contemplativo al estudio de la Escritura: nosotros reflexionamos escuchando a nuestros compañeros en ministerio (nuestra comunidad cristiana) quienes en oración buscan permitir que el Espíritu Santo a través suyo transforme nuestras vidas y nuestro contexto social.
  • Es una educación que promueve la investigación-acción. Esta reflexión contemplativa-activa involucra el estudio de las realidades de nuestra cultura, y su impacto en nuestras relaciones sociales, mientras tales contextos critican a su vez a las Escrituras. A menudo encontramos que las Escrituras se han tornado vivas y proféticas, y de repente se vuelven una fuente para el cambio. Así, la Biblia que se lee en comunidad, según la manera praxis de hacer teología, se vuelve en la fuente para actuar correctamente.
  • Fuentes para la educación teológica no formal: Las fuentes para nuestra reflexión teológica no formal son el análisis de nuestro contexto cultural, las Escrituras, nuestra historia, y nuestro trasfondo teológico. Así nuestro proceso teológico, con su énfasis en un diálogo intencional (mientras generamos un ambiente amistoso alrededor de una mesa con una taza de café), finalmente busca transformar nuestro contexto social.
  • Se trata de un compromiso con la reflexión, la acción, y la práctica del evangelio: Este proceso empieza con un compromiso en la acción (1) antes de la lectura de las Escrituras. Éste es un compromiso que nosotros tenemos que abrazar en nuestra comunidad de fe. Los cristianos somos llamamos a transformarnos en una comunidad alternativa, y a menudo incluso una comunidad contra-cultural. Entonces reflexionamos en nuestras experiencias (2) sobre todo en esas áreas que necesitan transformación (no solo personal sino también social), y termina con un compromiso a la acción inteligente, (3) dirigiendo así la acción hacia el propósito de transformación social. Sin embargo, el proceso no se detiene aquí. Continúa su ciclo inacabable de esos tres puntos como si fuera un tornado. Cada vez que nuestro estudio de la Biblia termina y nuestras tazas de café están vacías, regresamos a nuestras comunidades con un compromiso a la acción profética. Es decir, inspirados por nuestra lectura de las Escrituras, nos comprometemos con nuestras comunidades activamente para verlas transformadas.
  • Este tipo de educación es un compromiso espiritual, y de acción, no simplemente cognoscitivo: Pero recordemos que sin un compromiso espiritual previo nuestra acción comprometida puede volverse en un activismo político sin un compromiso con el Reino. El sacerdocio y el trabajo profético de todos los creyentes son una combinación necesaria para lograr un cambio holístico en nuestra sociedad. Este cambio es guiado por el Espíritu Santo, mientras nosotros leemos, oramos, y actuamos; oramos, leemos y reflexionamos; y entonces leemos, oramos y actuamos una vez más. Entonces, antes y después de ese proceso, la acción comprometida llega. Esta reflexión va más allá de una simple evaluación, y entra en un tipo de discernimiento comunal que acompaña una re-lectura de las Escrituras. La idea es medir nuestras acciones para ver si el Espíritu nos llamó a hacer realmente lo que fue pensado. De esta manera leemos las Escrituras antes, durante, y después de nuestra acción, y actuamos antes y después de nuestra lectura de la Biblia.

Para concluir, me permitió expresar que no hay una manera para construir la teología, en la educación teológica. Hoy he presentado un modelo. Sin embargo, debemos considerar que no importa el trasfondo educativo de la persona, con tal de que las Escrituras se estudien, el contexto social sea criticado, y un compromiso a la transformación sea expresado. Es cierto que necesitamos de un buen café (un té, un mate, o cualquier otra bebida), una mesa grande, sillas cómodas, un constante escuchar de nuestras Escrituras, la oración, contemplación, un compromiso a nuestras comunidades, y un deseo de trabajar diligentemente para la conversión cristiana y la transformación social. ¡Disfrutemos de la educación no formal teológica, como disfrutamos del cafecito!

Osías Segura

Autor: Osías Segura

Profesor adjunto en Fuller Theological Seminary



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