Me he asombrado al notar que muchos misioneros no tienen la más mínima idea sobre lo que misionología significa. Algunos misioneros detestan el concepto y ven a misionólogos como yo, como teóricos sin practica (algo que no es verdad). Y debo reconocer que he descubierto algunos misioneros haciendo su práctica con poca teoría. Se jactan de haber tenido su experiencia viviendo en un país extranjero (tal vez musulmán) por un periodo de un año o más, pero al pedirles que cuenten sus experiencias, estas fueron pobres pues no dispusieron de suficiente entrenamiento previo para haber aprovechado al máximo tal experiencia. Por tanto, incapaces de sistematizar sus experiencias, algunos pocos, cayeron en prácticas teológicas poco bíblicas, y hasta sincréticas. Espero que llegue el día en que misioneros entiendan que misionólogos se han sacrificado, como muchos otros creyentes, para ser enviadores en vez de enviados al campo misionero.
Pero la pregunta de este blog se mantiene. ¡Es decir, qué es misionología? Misionología es esa disciplina teología que estudia el participar de la iglesia en la misión de Dios. En otras palabras es en la práctica ministerial donde se hace la reflexión bíblica, siempre y cuando haya reflexión tanto del texto bíblico, como del contexto donde se ubica el misionero. ¿Y qué es misión? Misión se refiere a todo lo que el Dios trino desea cumplir en el mundo, para que Su nombre sea glorificado y Su reino se expanda universalmente en todo grupo étnico. Misión es esa relación dinámica entre Dios y el mundo: Dios se envía a sí mismo, en Cristo, en el Espíritu Santo, y al cuerpo de Cristo: la iglesia como agente del Reino. Misión no es solamente algo en que la iglesia co-participa en otros paises, pero tambien en sus propios barrios.
Por tal razón, algunos como Khaler hablan que la misión es la madre de todas las teologías. Es decir, el quehacer teológico empieza con el quehacer del Espíritu Santo llamándonos (a la iglesia) a la misión del Reino, y de allí empieza la reflexión bíblica, y el estudio del contexto sociocultural. En otras palabras, para hacer teología debemos no solamente reflexionar sobre el texto bíblico sino también abrirnos a una experiencia transcultural, entrando en la experiencia de vida de la otra persona. ¡Pues sabemos que Cristo es la respuesta, pero cuál es la pregunta? Debemos en nuestra proclamación teológica aprender a escuchar a aquellos del contexto, para que luego escuchen al texto, la narrativa del evangelio, y la iglesia agente transformador del Reino de Dios en la tierra.
El asunto es que hemos conocido el quehacer teológico desde una perspectiva de teología sistemática solamente. Pero también encontramos varias ramas teológicas como la teología bíblica, teología política, teología de género, etc. Así la misionología como disciplina también teológica, se alimenta de otras disciplinas teológicas, lo mismo que de las ciencias sociales para comunicar el evangelio del Reino en un lenguaje y practicas que puedan ser comprendidas en el contexto sociocultural donde queremos impactar. Veamos un par de ejemplos de teólogos sistemáticos que empezaron como misionólogos.
Tomas Aquino, por ejemplo, considerado un gran teólogo sistemático, escribió su obra “Summa Contra Gentiles” para responder al reto del Islam en el siglo XI. Otro ejemplo, Agustín escribió su obra “La Ciudad de Dios” en respuesta a una carta de uno de sus obispos pidiéndole guía para encarar el fallecimiento del Imperio Romano, y la subsiguiente confusión secular. Ambos documentos, mirándolos no solamente como tratados teológicos puros, sino en su respuesta al contexto social de la época, fueron documentos contextuales. Ambos autores estaban preocupados por construir una teología que respondiera a los retos de su entorno sociopolítico y religioso.
De esta manera, la misionología busca constantemente preguntarle a la iglesia ¿Estamos siendo culturalmente relevantes? Debemos estar dispuestos a ser enviados al mundo, y no ser simplemente una iglesia atraccional, que espera que el mundo venga.
Para empezar a pensar teológicamente desde la misionología, debemos primero entrar en la historia de la cultura en la cual el evangelio se esta comunicando. Es decir, entender las formas de pensamiento, y sus paradigmas. De esta manera, el teólogo que hace misionología re-cuenta esa historia de la cultura agregando la labor del Dios trino en toda su creación. Así se logra que haya una identificación donde las personas escuchan el evangelio del Reino en su lenguaje, forma de pensar, y así ellos mismos que aceptan el mensaje puedan reproducirlo a otros. Así es como los paradigmas de la historia de la cultura pueden ser redimidos para re-contar la historia del evangelio, diciendo el misionero sí a la historia local añadiendo “pero…han considerado esto…? Déjenme explicarles… .”
Por tanto, la misionología también nos recuerda que (1) toda teología o teologías son culturalmente condicionadas. Podemos leer otras teologías y aprender de ellas, pero siempre recordar que no hay teología se sea universal. Los africanos que en su teología de la danza tienen tanto que enseñarnos en su reflexión, como los escritos de Bonhoeffer para la iglesia latinoamericana. Ambas teologías son diferentes, tal vez una más simple que la otra, pero ambas son igualmente validas. (2) Recordemos que la sociedad cambia y esto afecta las diferentes culturas que la integran. Por ello, el proceso teológico es constante para cada generación, genero, subcultura, clase social, y política. La iglesia debe siempre tener un mensaje revelante a las constantes necesidades presentadas en un mundo cambiante. (3) Misionólogos siempre tendemos a ver “teologías” y la historia en las que estas se encuentran. Algunas pueden ser contradictorias, otras complementarias. El asunto esta en evaluarlas si se esta siendo fiel a las Escrituras y fiel al contexto sociocultural que se pretende responder. Si hay un fallo en ambas partes podríamos estar atendiendo un caso de sincretismo. Por ejemplo, el caso de la teología de la prosperidad que busca dar una respuesta bíblica al problema de la pobreza en nuestra cultura, pero en realidad no están siendo totalmente fieles al texto bíblico, ni al contexto, pues el problema de la pobreza es multifacético y no se puede reducir a lo puramente espiritual de “un pacto con Dios” y “la ley de la siembra y la cosecha” que busca manipular a Dios.
El hacer teología misionológicamente, como hemos visto, es todo un reto profético para que la iglesia pueda responder al mundo, sus preguntas, y paradigmas. ¿Estamos reflexionando en las Escrituras, para responder a la sociedad en que vivimos? Eso es teología práctica. ¡Allí esta la clave!

Osías Segura

Autor: Osías Segura

Profesor adjunto en Fuller Theological Seminary



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