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14 ¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. 15 La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, su pecado se le perdonará. 16 Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz. Santiago 5:14-16

Este pasajes es un campo de batalla para una hermenéutica prudente, en particular, por su referencia a la unción. Como dice el pasaje los enfermos deben convocar a los ancianos de la iglesia para ser ungidos con “aceite de oliva” (griego: elaion). Luego deben invocar el nombre del Señor y según el pasaje serán sanados.

Examinemos varias interpretaciones de lo que significa la sanidad y la unción con aceite en este pasaje:

Que el aceite era meramente medicinal. El aceite de oliva era usado ampliamente tanto para propósitos higiénicos como para el tratamiento de ciertas enfermedades. Sin embargo, estos datos se tornan problemáticos cuando algunos infieren que en el siglo primero el aceite de oliva se utilizaba como un cura todo o panacea. Es decir, algunos opinan que Santiago está promoviendo lo mejor de los dos mundos: buena medicina en conjunto con oración.

Sin embargo, el posicion de que Santiago 5 se trata de “mejor medicina” tiene varios problemas importantes. Primero, el aceite no era visto como la panacea en el primer siglo. Esta malinterpretación de la unción surge cuando uno escoge de las antiguas referencias en el Kommentar por Strack y Billerbeck o en las referencias a aleiphō en el Theological Dictionary of the New Testament por Heinrich Schlier, quien depende casi por completo de Strack-Billerbeck como referencia. Una referencia famosas del escritor médico Celso en el primer siglo (De Medicina II.14.4) es tomada fuera de contexto, para “probar” que aceite de oliva era una panacea. No, los antiguos usaban una variedad de medicinas herbales, entre las cuales era aceite de oliva. De hecho las fuentes tanto grecorromanas como judías (Eclesiástico 38:4, 7-8) indican que un autor del siglo primero podría fácilmente haber dicho “usen la mejor medicina disponible, luego que los ancianos oren” si eso es lo que hubiera querido decir.

Ha varios otros problemas con esta interpretación:

  • Es la oración que salva al enfermo, no el aceite.
  • En el pasaje algunas de las enfermedades en cuestión son causadas por un problema espiritual – por el castigo del Señor o por pecados no confesados.
  • La unción no hace ningún bien en las enfermedades disciplinarias si la confesión y el arrepentimiento no están presentes.
  • El enfoque de la “mejor medicina posible” no puede explicar el pasaje paralelo en Marcos 6:13: “También expulsaban a muchos demonios y sanaban a muchos enfermos, ungiéndolos con aceite.” (NVI)
  • El ungimiento debe ser acompañado por la invocación del nombre del Señor, señalando que el aceite no hace ningún bien sin la intervención del Señor.

Que el aceite era sacramental. La Iglesia Católica reconoce la unción de los enfermos como uno de los siete sacramentos (la “extrema unción”, pero ahora “la unción de los enferos”). La unción acompaña una confesión final de pecados antes de la muerte y se cree que Dios perdonará estos últimos pecados, y la persona será “salvada” y “levantada” en la resurección al fin del mundo. No obstante, esta visión sacerdotal contradice la expectativa de sanidad en Santiago  – no de un mejor estado de preparación para la vida después de la muerte, sino sanidad en la vida presente.

Que el aceite era usado como un símbolo del favor divino. La interpretación que recomiendo yo es que la unción no era medicina ni extrema unción, sino una señal de la presencia sanadora de Dios.

La unción como el untar o derramar aceite en la cabeza era un ritual antiguo en Israel. Los sacerdotes (Exodo 29:7) y reyes (1 Samuel 10:1) eran ungidos como señal de ser separados para Dios. El aceite era un símbolo general de la presencia especial de Dios, su elección, y su buen favor. El argumento que generalmente se alza en contra de esta interpretacióm es que si Santiago hubiera estado hablando de un uso religioso o simbólico del aceite hubiera utilizado la palabra griega chriō (“ungir sacramentalmente”) en lugar de la palabra aleiphō (“ungir”). Pero es evidente que estas palabras en realidad tiene un sentido muy similar.

Sección técnicapara el que no conce griego, esta sección puede ser sobrepasadsa.
Debe decirce, primero, que esta distinción tan rígida entre los sentidos de las dos palabras viene de un idealismo del lenguaje que era popular antes del advenimiento de la lingüística moderna. Pero aún antes del estudio moderno de palabras, es de notar que un maestro de la vieja escuela como R. C. Trench, no anula la posibilidad que aleiphō se pueda referir a la unción religiosa-simbólica:

Aleiphein se usa indiscriminadamente de todas las unciones, ya sean de aceite o ungüento; mientras chriein…es restringida en forma absoluta a la unción de un Hijo.” [1. Synonyms of the New Testament (9th. ed.; London, 1988), 137 – traducción mía.]

Trench señala que en la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) aleiphō se utilizada para unciones religiosas y simbólicas en dos instancias (de sacerdotes en Exodo 40:13 y Números 3:3; deberíamos agregar también  Génesis 31:13), ejemplos que no apoyan el sentido “secular” de aleiphō. Podríamos decir que la palabra chrio está restringida usualmente a la unción religiosa, mientras que aleiphō se puede referir a cualquier unción.

De todos modos, esta discusión del sentido de aleiphō se resuelve al notar que en Marcos 6:13 aleiphō se usa para referir a la sanidad milagrosa que acompaña una unción. En Santiago 5 la oración de fe toma el lugar de un milagro apostólico y una vez más el aceite es privado de cualquier propiedad de sanidad inherente.

Conclusiones

Hay un aspecto espiritual a la sanidad, que el Señor (¡no la medicina!) determinará, porque el pasaje hace una conexión entre sanidad y arrepentimiento. En algunos casos, el perdón y sanidad deben ir juntos. Asumimos que los ancianos indagarán acerca de la falta de arrepentimiento antes de orar (ver Juan 5:14, 9:3; 1 Corintios 11:28-30). Pero tampoco estamos hablando de acudir  a un “sanador de fe”, ni de buscar sanidad por las así llamadas “leyes naturales” de sanadores místicos no cristianos. Los modernos sanadores de fe y sanadores místicos no recomiendan que sus adherentes llamen a sus propios ancianos para unción y oración.

Todos los cristianos sucumbirán alguna enfermedad en su vida y por cierto finalmente a la muerte. A los cristianos les es garantizada la sanidad final en la resurrección, y también tienen la aseguranza del interés de Dios de sanar en esta vida. Pero, con todo, llamar a los ancianos es una gracia de Dios que debemos recibir con alegría. Los cristianos deben animarse a practicar lo que doce Santiago 5 y no evitarlo por ser difícil de entender.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en Evangelical Quarterly 61 (1989):99-108; la bibliografía y algunas referencias antiguas actualizadas en agosto de 2008.

Gary Shogren

Autor: Gary Shogren

ha sido profesor de Nuevo Testamento por 26 años. Escritor de varios artículos y libros. Actualmente es profesor en el Seminario ESEPA en San José, Costa Rica.



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