Pablo en 1 Corintios 14:26-33 presenta una sugerencia para el desorden litúrgico que se tenían los corintios. Leyéndola entre líneas podemos notar la falta de lo que hoy entenderíamos como “UN profesional de alabanza” y “UN profesional del pulpito”. Sino que el culto era participativo, y creativo según el desarrollo de los dones espirituales entre los corintios. Esto nos indica que posiblemente esa era la característica entre las iglesias primitivas cristianas de los primeros siglos. Pero, ¿Qué podemos nosotros los creyentes del Siglo XXI aprender de este pasaje?¡Para responder a esta pregunta, permítanme aclarar que no estoy proponiendo que este debe ser el modo de adoración para nuestras iglesias! Simplemente quiero utilizar este pasaje como reflexión para buscar maneras de ser más participativos y creativos en nuestros cultos,  y entender que para lograr esto necesitamos un liderazgo más al estilo del primer siglo, que del presente siglo.

Primero, yo creo que Pablo no nos llama a ser espectadores pasivos del culto, sino a ser co-productores en el acontecimiento espiritual de la adoración. Es decir, la iglesia no debe ser un lugar de adoración donde los clientes se convierten es espectadores del show dominical. No es necesario que la iglesia este llena de espectadores, sino que debe ser un lugar para construir relaciones. En otras palabras, no se trata de ir al culto como cuando vamos a un concierto: parqueamos el auto, compramos la entrada, encontramos nuestro asiento, vemos el show y cantamos con el cantante. Para aquellos que hemos visitado megaiglesias, tal vez sintamos la misma sensación de asistir a un concierto. Nos convertimos en espectadores-consumidores de adoración, que tal vez nos llene y nos sintamos bendecidos, pero no participamos en el culto, sino con el culto. No podemos ser participantes creativos pues algunas iglesias son demasiado grandes y no están dispuestas a sacrificar sus actividades dominadas por celebridades del pulpito.

¿Segundo, cuál debe ser el papel del líder cristiano para facilitar la participación creativa de los creyentes? Bueno primero la iglesia debe ser pequeña, o bien, deben existir grupos pequeños. Luego el papel del liderazgo debe ser de crear espacios para que las actividades ocurran. Para esto la estructura del liderazgo en cada iglesia debe evaluarse.  ¿Es decir, permitimos que el sacerdocio de todos los creyentes (según los dones espirituales, dados por el Espíritu a cada creyente) se exprese en nuestros cultos? Esto sonaría subversivo para mucha iglesia en América Latina donde la dirección se basa en poder patriarcal, en el control, en la herencia (familia pastoral), y la sumisión a la autoridad del apóstol.

El tipo de liderazgo al que posiblemente Pablo se dirigía eran los ancianos u obispos (a quienes le dedica muchas de sus cartas—ver los primeros versículos de sus cartas a las iglesias) que funcionaban como equipo pastoral voluntario y sin salario. Este equipo pastoral posiblemente abogaban por un liderazgo fluido, donde todos tenían voz y voto (por supuesto todos discernían en el Espíritu) donde no había UN líder designado sino varios. Así el liderazgo era situacional, según como los dones espirituales deberían funcionar para la edificación de todos. En otras palabras, la tarea determinaba el tipo de liderazgo, y el líder necesario en ese momento.

El obstáculo para ejercer este liderazgo fluido es el híperactivismo que vemos en muchas de nuestras iglesias, donde la iglesia se mantiene ocupada ejecutando programas y haciendo iglesia, y hasta lastimosamente, quemando y agotando buenos lideres. Esto en vez de ser iglesia, permitiendo el desarrollo de disciplinas espirituales, y el servicio de la justicia en el mundo.

Al rato me pregunto: ¿Si Pablo estuviera vivo hoy, y viera el “orden” de nuestros cultos y todo lo que sucede allí, tal vez nos repetiría ese mismo pasaje en Corintios? ¿No creen?

Osías Segura

Autor: Osías Segura

Profesor adjunto en Fuller Theological Seminary



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