Una pregunta que se le presenta al obrero cada vez que ha de compartir la palabra es: ¿cuál es el texto apropiado? ¿Cómo podría saberlo? El pastor Spurgeon tiene unos comentarios sumamente útiles al respecto:

“Cuando un versículo se sujeta fuertemente a tu mente y no puedes liberarte de él con facilidad, no necesitas buscar adicionalmente cuál ha de ser tu tema apropiado. Como el pez, mordisqueas muchas carnadas, pero cuando el anzuelo te ha atravesado lo suficiente, ya no discurres más. Cuando el texto se apodera de nosotros, podemos estar seguros de que lo hemos asido también, y seguramente podemos dedicarle toda nuestra atención. Podemos usar también otra comparación: tienes un puñado de textos en tu mano y tratas de separarlos; les das con fuerza con el martillo pero tu labor es en vano; por fin encuentras uno que se desmorona con el primer golpe y brilla al disolverse y percibes joyas del más raro esplendor que resplandecen en su interior. Crece delante de ti como una semilla fabulosa que se convierte en un árbol mientras el observador la mira. Te encanta y te fascina, o su peso te lleva a ponerte de rodillas y pone sobre ti la carga del Señor. Has de saber entonces que éste es el mensaje que el Señor quiere que entregues; y, sintiendo esto, estarás tan atado por esa escritura que no tendrás descanso hasta no haber entregado toda tu mente a su poder, y hasta no haber hablado sobre ella según el mensaje que te dé el Señor. Espera que te sea dada esa palabra elegida aun si tienes que esperar hasta una hora antes del servicio”.

No sólo recomienda esperar la guía del Espíritu Santo, sino que aconseja mucha oración solicitando esa guía: “Clamen a Dios”, -declaraba Spurgeon- “busquen a Dios en oración para la elección de un pasaje”. Ampliando el tema, Spurgeon decía:

Oren acerca de la Escritura; es como pisar las uvas en el lagar, como trillar el grano en la era y como quitarle la escoria al oro. La oración es dos veces bendita; bendice al predicador que suplica y al pueblo al que ministra. Cuando te viene tu texto en respuesta a tu oración, será muchísimo más apreciado por ti; vendrá con un sabor divino y con una unción completamente desconocidos para el orador formal para quien un tema da lo mismo que otro”.

Entonces debemos confiar en el Espíritu Santo para elección del texto. También debemos orar y la oración debe ser ferviente y persistente. ¿Qué más se requiere? La confianza en el Espíritu Santo y la oración pidiendo la guía no deben volver perezoso al predicador. No se trata solamente de: ‘Abre su boca y el Señor la llenará’. Tiene que estudiar duro: tiene que hacer uso de libros, de comentarios, pero sobre todo tiene que hacer una concienzuda lectura de la Biblia. Éstas son las sugerencias que nos proporciona el pastor Spurgeon:

“Yo recomiendo que se acuda una y otra vez a la propia Palabra de Dios, y que se lea un capítulo, y que se ponderen sus versículos, uno por uno; también se puede seleccionar un solo versículo y aplicarle toda la atención de la mente. Pudiera ser que no encuentre su texto en el versículo o en el capítulo que lea, pero debido a que su mente está involucrada activamente en temas santos, le vendrá la palabra que necesita”. Esto, obviamente, es lo que el propio pastor Spurgeon hacía. Spurgeon leía y estudiaba varios capítulos de la Palabra de Dios diariamente, y leía la Biblia completa al menos una vez al año. Ya hemos visto en un artículo anterior que Spurgeon consideraba que la Biblia es el libro de texto del cristiano. También lo es para el ministro cristiano. Aunque el ministro cristiano puede tener su pequeña biblioteca conformada por los ‘clásicos’ cristianos y por comentarios bíblicos, debe recordar que cuando “el hambre de libros sea grande en la tierra”, “hay un libro que todos ustedes tienen, y que es su Biblia”. Spurgeon describía al ministro con su Biblia como “David con honda y piedra… plenamente equipado para la reyerta. Nadie puede decir que no cuenta con un pozo del cual sacar mientras las Escrituras estén a su alcance. En la Biblia tenemos una biblioteca perfecta y quien la estudia cabalmente será un mejor letrado que si hubiera devorado todos los volúmenes de la Biblioteca de Alejandría. Entender la Biblia debe ser su ambición”.

Para terminar les dejo este dato interesante: el pastor Spurgeon conoció a un ministro que había aprendido tan bien la Biblia que llegó a ser “una concordancia andante” que podía darles el capítulo y el versículo de cualquier pasaje citado, o viceversa, cuando se le mencionaba el capítulo y el versículo, podía citar el texto de memoria. Sería difícil emular a ese ministro pero alguien podría intentarlo. Pero al menos podríamos conocer el contenido de cada libro, los detalles de sus historias, sus doctrinas, sus preceptos y los detalles principales de cada libro.

Allan Román

Autor: Allan Román

Tiene un Certificado de Teología de Spurgeon’s College, Londres y traduce: www.spurgeon.com.mx



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