La primera pregunta que me hago es esta: ¿A quién estoy representando cuando estoy predicado frente a la congregación? Si soy llamado por Dios a este santo ministerio, entonces estoy representado a Dios. En 2 Corintios 5:20, Pablo dice:

“Así que somos embajadores en nombre de Cristo… Y Cristo es Rey de reyes y Señor de señores”

Mi apariencia debe ser la más formal y mejor posible.

Todo lo que soy y hago detrás del pulpito habla de mi concepto, misión y filosofía del llamado divino. La forma de vestir, peinar y el comportamiento dice mucho de la importancia y seriedad con la que tomo mi posición. Sería muy recomendable que antes de salir a la plataforma me parara ante un espejo; ¿Qué es lo que veo? ¿Cómo me veo yo mismo? ¿Cómo me verán los demás? ¿Cómo me ve Dios, mi patrón y Señor?

Otras de las preguntas que se pueden hacer para reflexionar sobre el llamado de Dios en la vida pastoral son las siguientes: ¿Es la vestimenta que llevo puesta apropiada? ¿Si me presentara en la casa blanca, ante el presidente, llevaría mi mejor ropa? Yo creo que sí. Es entonces cuando reflexionamos sobre la manera en la que nos presentamos ante Dios. Nos tenemos que presentar formales en la casa del Señor; ¿estoy bien peinado?

Cuando me presento frente a la congregación siempre existe la probabilidad de que ojos estén fijos en mí. “¿Qué están viendo?”, quizás algunos se preguntarán. No hace mucho visitaba una iglesia de hermanos Rusos y Ucranianos. El hermano mayor de edad, casi llorando nos explicaba porque venía al culto con saco y corbata. “Lo hago por respeto a Cristo. Esta es su Iglesia, venimos a confrontarnos con Él. No me siento cómodo si vengo solo en camisa”. Este hermano hablaba a cerca de un servicio al que asistió un martes. Puedo comprender que existen ocasiones que demandan de una persona vestirse presentable pero dondequiera que esté, si voy a presentar el mensaje eterno de Cristo, especialmente si soy el pastor, debo presentarme lo mejor posible. Platicando con mi peluquero, me contó que ahora tenía otro trabajo como árbitro de juegos de deportes. Después de conocer todas las reglas del juego, l a cosa más importante es presentarse como un profesional, “esto es la mitad de mi trabajo”. Definitivamente el vestido produce un cierto respeto ante el público. Si esto es así en los deportes, debe ser mejor apreciado en la Iglesia de Cristo.

Habrá ocasiones cuando tendré que predicar como ande vestido. Hay lugares donde la corbata o traje no son prácticos ni recomendables, pero si lo se de ante mano que iré lo mejor que me sea posible. Esto lo hago porque represento a Cristo, más nunca olvido que:

“A tiempo y fuera de tiempo, predica la palabra” (2 Timoteo 4:1)

Cuando Pablo escribe a Timoteo en 1 de Timoteo 4:12, le dice: “Que nadie te menosprecie por ser joven. Al contrario, que los creyentes vean en ti un ejemplo a seguir en la manera de hablar, en la conducta, y en amor, fe y pureza”.

Si solamente tomáramos la palabra, “ejemplo” seriamente, fácilmente la podríamos extender a todas las áreas del ministerio. ¿Cómo se viste, cómo se peina, cómo se sienta, cómo se involucra en el culto, está participando o revisando sus notas, o distraído durante el periodo de alabanza?; ¿está dando a Dios lo que es de Dios y ofrendando también? ¿Cuánta gente ha llevado a los pies de Cristo?, ¿Está modelando el evangelismo personal? ¿Es amigable, perdonador, hospitalario? Todos estos cuestionamientos deben ser tomados en consideración.

El pastor y siervo de Dios en la Iglesia más que todo, es “el modelo” de los creyentes. Eso es lo que la frase “ejemplo” significa.

Cristo dice: “Aprended de Mí…” Pablo dice: “Sed imitadores de mí, como yo soy de Cristo”

Al escribirle a Timoteo de dice: “Lo que has oído de mi ante muchos testigos, esto encarga a hombres que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 de Timoteo 2:2)

¿COMO RECONOCER Y REPRESENTAR A UN CONSIERVO?

Si tiene a un pastor o siervo visitando, infórmese de dónde viene, de dónde ha pastoreado, Si tiene educación teológica, etc. Usted debe hacer una presentación formal. También debe reconocer, sobretodo, que es un hombre de Dios. No solamente diga, “ahora nos presenta la palabra el hermano X”.

Si se encuentra en su congregación un siervo que pertenece a una denominación, por cortesía pídale si quiere dirigir la palabra y/o desea predicar, sino tienen algún programa ya preparado.

Daniel Sotelo

Autor: Daniel Sotelo

Nacido en Guadalajara, Jalisco, emigró a los Estados Unidos en 1950. Estudio en California Baptist University y en el Golden Gate Baptist Tehological Seminary, obteniendo su bachillerato y fue recientemente honrado con un doctorado. Desde 1954 ha sido pastor en 4 iglesias y ha servido como moderador en tres Asociaciones bautistas en diferentes áreas de California. Ha sido presidente del Compañerismo Bautista Nacional y de California, además de servir como Vice-presidente de la Convención Bautista de California. Ha viajado y predicado en 55 países.


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