El Señor de la mies llama a sus siervos en forma muy personal, clara, contundente y golpeadora. Al principio no hay seguridad absoluta en cuanto al lugar ni la forma de servicio, pero al descubrir nuestras habilidades y dones, se va manifestando en el lugar en donde mejor encajamos. Y cuando el llamado es a pastorear, éste se manifiesta en forma irresistible y categórica. No hay titubeo, sino firmeza, seguridad interna y frutos tangibles. Es aquí donde yo creo que Mateo 7:20 se hace patente: “Así que, por sus frutos los conoceréis”. La mejor carta de recomendación para un pastor es el rastro que ha dejado. Hay ciertas evidencias notables cuando la mano de Dios está sobre aquel individuo que dice ser llamado.

En 1979, mi yerno, Oscar Sánchez me retó a escribir un libro. Le contesté, no soy escritor ni hijo de escritor. Y si tal cosa sucediera, que tema sugieres que use. Me dijo:”¿Pero puedes edificar una iglesia?” Tengo que admitir, el tema me fascinó, pero nunca hice nada. Y para usted hermano, ésta es una buena pregunta en el ministerio ya que cree que ha sido llamado. Tiene buena educación, ¿y qué? Tiene una linda personalidad, es carismático y buen orador, ¿y qué? Dice sentir un llamado interno, ¿y qué? Ha sido licenciado y ordenado al ministerio ¿y eso qué? Incluso, yo fui al seminario y tengo un título en teología, ¿y de qué me ha servido?

Estoy seguro que hay muchos hermanos bien intencionados, que deben renunciar a su cargo en la iglesia como pastores y dejar el lugar al que han sido llamados. Usted puede ser un hombre muy espiritual, dedicado sinceramente, honesto, comprometido con Cristo, pero equivocado en cuanto a su lugar de ministerio. Hay hermanos en nuestros púlpitos, que son como aquel joven que tuvo una visión escrita en las nubes. Vio tres letras claramente y él interpretó cada letra e hizo un acróstico. Las letras eran, la “A”, “P”, “C”. Cuando contó su decisión para entrar al ministerio, basado en las tres letras, le dijeron, “te equivocaste, eso quiere decir anda y planta calabazas”. Otro le dijo; “eso quiere decir, anda y pizca camotes”.

Queramos o no hay romance magnético en el ser líder o pastor. Por ejemplo, el estar al frente de un grupo, ser seguido y admirado por la gente. Y como no, tener un grupo que sigue y en ocasiones obedece. Sí, el ser pastor es muy romántico y actualizador. Muchos son atraídos por el respeto y el amor demostrado al siervo. Otros entran sólo por el beneficio que pueden sacar, así como Simón, el mago, sólo por lo que pueden sacar para ellos.

El llamado al ministerio obispal, es único. No es para todos los llamados al ministerio del Reino de los cielos. Quisiera tener la sabiduría y la autoridad, tanto como el valor de ir a varias ciudades y decirle al hermano encargado, “Por el amor de Cristo, renuncie hoy mismo, deje el cargo a uno que es llamado”. Y por favor, no me mal entiendan, no todas las congregaciones tienen que ser grandes, pero todas deben estar creciendo.

El crecimiento debe de ocurrir especialmente en los lugar donde tenemos multitudes de gente que no conoce del amor de Cristo. Tenemos clientes que son candidatos al infierno, por cientos y miles, y nuestras iglesias no están llevando el mensaje, no están bautizando, ni haciendo discípulos, menos multiplicando al abrir nuevas congregaciones. Y la mayoría de la culpa la tiene el pastor. Sí, Dios usa a quien Él quiere, pero cuando Dios llama, hay evidencias de Su poder y gracia en la vida y ministerio del llamado. En realidad los únicos créditos pastorales que un siervo tiene, son las obras, que bajo la dirección y gracia del Señor han sido establecidas. Un siervo deja su marca, no cuando renuncia de la iglesia o ministerio que ha tenido el privilegio de desarrollar, sino mucho después.

Los créditos que ha acumulado, son los que le siguen, después del periodo de servir en una iglesia. En la mayoría de casos, no es como se principia, sino como se termina. De aquí es que se destaca la autoridad moral para dirigir. Estas son las mejores cartas de recomendación. Como diría mi yerno Oscar, ¿pero has edificado una iglesia? ¿Tienes cambio en tu bolsillo pastoril? No me digas cuántos títulos tienes, ni cuántos dones has recibido, dime cuántas congregaciones has levantado. De nuevo cito a Mateo 7:16 “Por sus frutos los conoceréis” dice el Señor Jesús.

Daniel Sotelo

Autor: Daniel Sotelo

Nacido en Guadalajara, Jalisco, emigró a los Estados Unidos en 1950. Estudio en California Baptist University y en el Golden Gate Baptist Tehological Seminary, obteniendo su bachillerato y fue recientemente honrado con un doctorado. Desde 1954 ha sido pastor en 4 iglesias y ha servido como moderador en tres Asociaciones bautistas en diferentes áreas de California. Ha sido presidente del Compañerismo Bautista Nacional y de California, además de servir como Vice-presidente de la Convención Bautista de California. Ha viajado y predicado en 55 países.


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