Proverbios 22:28

En los últimos 15 a 20 años hemos visto un tremendo cambio en el mundo. El cambio tecnológico ha revolucionado la sociedad por completo. La comunicación es casi instantánea mundialmente. Apenas pasa algo en Australia, China o Rusia y el mundo lo sabe en segundos. Y claro, si algo es verdad o axioma irrefutable es, que esto no va ha cambiar, el cambio es inevitable. Dijo un senador ya fallecido, después de que él mismo cambió de opinión en la legislatura; ‘sólo hay un lugar donde la gente no cambia de opinión, y ese es el cementerio”

Lo que ha mi me ha dejado perplejo, es que el Señor Jesucristo, a quien llamamos Señor y cabeza de la Iglesia, dijo: “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.” Decimos y reclamamos, que la palabra de Dios es eterna, que sus verdades son irrefutables, que todo lo que la Biblia dice es la verdad de Dios. Cuando leo en Proverbios 22:28: “No traspases los linderos que pusieron tus padres” Yo noto que hemos removido las bases bíblicas, para acomodarnos al cambio de la sociedad. Las doctrinas y prácticas fundamentales del cristianismo, ya casi no existen en muchas denominaciones e iglesias evangélicas.

Los pulpitos han cambiado y siguen cambiando. Parece que en vez de nosotros los creyentes infiltrar al mundo con el Evangelio transformador, el mundo se está infiltrando a la iglesia y la está conformando a este siglo. Los cultos de alabanza, las presentaciones dramáticas, la tecnología, grupos de niños y jóvenes en alabanza danzadora; La himnología ha sido reemplazada por la música contemporánea, el piano y el órgano han sido aturdidos y asilenciados por las tamboras, platillos y tambores. Las manos y en ocasiones el cuerpo entero de muchos adoradores ha sido activado en ejercicio físico. Hay libertad y alegría, en ocasiones me parece, más libertinaje (esto es a mi) que piedad. Los sermones son cortos, pero bien presentados en todo PowerPoint. La gente no tiene que traer Biblia al templo, todo se transcribe en la pantalla. Si todo esto que ahora promovemos es lo que la iglesia necesita para crecer en gracia y en conocimiento de Cristo y cumplir la Gran Comisión y el Gran Mandamiento; ¿Dónde esta la iglesia? ¿Porque no estamos penetrando con la Luz en las tinieblas?

No estoy viendo en las nuevas congregaciones contemporáneas, que les falten sillas en los templos. Que la gente se agolpa para venir y alabar al Señor. Son muy pocas las congregaciones con dos o tres servicios los domingos. Los bautisterios están llenos de telarañas. Si la modernización en toda la liturgia bautista o evangélica, es lo que necesitamos para alcanzar a la comunidad sin Cristo. ¿Porque no tenemos pastores de tiempo completo? ¿Porque no tenemos templos apropiados? ¿Porque nos falta dinero para hacer evangelismo y promover el discipulado? ¿Porque es que la familia sigue disfuncional y desintegrada? ¿Porque es que el divorcio sobresale entre el pueblo evangélico, aun más que entre incrédulos? Veinticuatro por ciento, en comparación al diecisiete por ciento. Y la mayoría de esto esta ocurriendo en lo que se llama, “el Bible Belt.” La pornografía en Internet es frecuentada por diez y ocho por ciento de llamados “born again,” sólo dos por ciento bajo el pueblo pagano. De nuevo, ¿Dónde ESTA LA IGLESIA DE CRISTO? “La luz del mundo y sal de la tierra.” No estamos teniendo el efecto que esperamos. Hemos violado y movido los linderos de la fe que nos fue entregada. Jeremías dice: “Paraos por las sendas antiguas y preguntad cual sea el buen camino y andad por el” (6:16)

Cuando Billy Graham comenzó a predicar en los cincuentas, le acusaron los templos modernos, “que había atrasado a la iglesia cien años con su predicación” a lo cual el respondió pidiendo perdón, “Yo la quiero regresar mil novecientos años”.

De mi punto de vista, después de servir más de 55 años en el ministerio, deberíamos examinar nuestra predicación y doctrina. Pablo dice en 1 de Corintios 1:21 que “ A Dios le plugo salvar al mundo por medio de la predicación.” A Timoteo le exhorta: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” Lea la siguiente nota sobre la predicación de hoy:

AL INICIAR EL NUEVO AÑO, ¿QUE DE LA DEUDA?

Colosenses 2:8-15

Al contemplar el presente y ver los negocios, los prestamistas, el gobierno y todo lo que nos rodea, no podemos menos que concluir, que somos una sociedad, movida y controlada por la deuda. Estamos inundados, invadidos y polvorizados en deuda.

Hasta la vida religiosa, especialmente entre el pueblo evangélico, se encuentra embargado en deuda. Hemos celebrado la gloriosa Navidad. El Dios Eterno, Creador de los cielos y la tierra, viene a nacer como un niño en un pesebre. Dejó su trono de gloria, para venir a salvar a Su pueblo de sus pecados. Vino a traer, perdón, libertad y vida eterna. Vino como el portador del pecado del hombre. Nació como humano para vivir entre nosotros, morir por el mundo pecador y resucitar para dar vida y justificación ante Dios a los que por fe y arrepentimiento lo reciban como Señor.

Parece ser que nuestra mente, está muy limitada para captar la enseñanza sobre el perdón de Dios. Y se puede entender, ya que nuestros pensamientos y nuestros caminos son inferiores a los de El. Como dice el Salmista, “Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender.”

De la forma en que muchos hablan acerca del perdón de Dios, hay momentos que me hacen pensar, como si lo que Cristo hizo en la cruz del calvario, no fuese suficiente. El sacrificio del Getsemaní, los clavos, las espinas, los azotes, las injurias y todo lo que El sufrió, parece ser que no fue satisfactorio ante el Padre. El Padre dice: “Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento” También dice: “Este es mi Hijo amado, a El oíd” Juan Bautista dice: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

A mí, me parece muy claro lo que la Biblia enseña. Es lo que Dios demanda. La paga del pecado es muerte. Cristo murió en nuestro lugar. Nosotros merecemos la muerte y condenación eterna. Dios nos ofrece el perdón y la vida eterna en Cristo Jesús. “Pero Dios que es grande en misericordia, aún estando muertos, nos dio la vida juntamente con Cristo, (por gracia sois salvos) Por gracia, quiere decir que es gratis, por nada, es por Su deseo y amor. Es gratuito. No hay nada que yo o usted podamos hacer. Cristo lo hizo todo en la cruz. El favor de Dios, es algo no merecido.

No trate de pagar, lo que no se puede pagar. No trate de ganar, lo que se puede ganar. No trate de pagar por algo que no tiene precio humano. Este es el regalo de la Navidad. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito…” (Juan 3:16) Si usted recibe este Don inefable, y lo recibe por fe y arrepentimiento, usted tiene todo el perdón de Dios, desde ahora hasta por la eternidad. Dios le ha quitado la culpa, le ha quitado el pecado, y la paga del pecado. El mismo lo ha hecho heredero de Dios y coheredero con Cristo. Cristo no tapa el pecado, no lo cubre, lo quita, lo remueve, se lo hecha sobre su propio cuerpo.

Por favor entienda esta verdad maravillosa. Cuando un pecador reconoce su pecado, lo confiesa y por fe y arrepentimiento recibe la oferta de Dios, en ese momento, pasó de muerte a vida. Mi pasado, presente y futuro está ahora en las manos del Cordero de Dios. El y sólo El, termina lo que El mismo inició. (Filipenses 1:6) No hay porque cargar con la mochila de la culpa. Aunque vengamos de una cultura religiosa, llena de indulgencias, penitencias y sacramentos. En la Biblia sólo hay un sacramento, es LA SANGRE DE CRISTO, la cual nos limpia de todo pecado. No tenemos hipoteca que pagar, cuotas de Automóvil que se venzan mensualmente ya que todo está pagado por toda la eternidad. ¡Aleluya y gloria a Dios!

Aquí hay libertad verdadera. Y esto me lleva a vivir en santidad, gratitud y servicio. Y cuando peco, así como Pedro, Pablo o cualquiera de los discípulos, hago lo que ellos indudablemente hicieron. Pedro le negó tres veces, y cuando reconoció, se arrepintió y lloró amargamente. Yo hago lo mismo. Reconocer, confesar y buscar Su rostro, no es volver al punto de partida. Estamos en la carrera y cuando violamos las reglas, sufrimos las consecuencias, pero nunca perdemos la relación con el Padre. Porque: “Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” Es aquí cuando el redimido se da cuenta que “no es con espada, no con ejercito, mas con Su santo Espíritu.” Aprendemos a vivir en el Espíritu y ser guiados por El.

El redimido no permanece en pecado, no practica el pecado, no se deleita en el pecado. Y esta es una de las mejores indicaciones en nuestra vida Cristiana. Si somos cristianos, no podremos gozarnos como el puerco se goza en el lodo. La gracia de Dios no aumenta incluso cuando un hijo de Dios cae o peca. Ha muerto al pecado, como puede vivir en el. Pero, al mismo tiempo la gracia de Dios no se debilita cuando uno de Sus hijos fracasa. Si hemos muerto al pecado, no podemos vivir en el (Romanos 6:1-9)

Si vemos esta verdad con la mente de Dios, tal vez sea más fácil de entenderla. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El” (2 de Cor. 5:21) Cristo no cometió pecado alguno, pero por causa nuestra, Dios lo hizo pecado, para hacernos a nosotros justicia de Dios en Cristo.” DHH Ya más claro no canta un gallo. “Si Dios no escatimó, ni a su propio Hijo…”

Hermanos (as), no vivamos en el futuro, en deuda espiritual. Si hay deuda, que no sea deuda salvadora. Cristo ya lo pagó todo. Dice el poeta;

“Todo fue pagado ya, nada debo yo, salvación perfecta da, quien por mi murió. Cristo dio por mi, sangre y carmesí y por su muerte en la cruz, la vida me dio Jesús. No tengo meritos yo bien lo sé, Cristo sálvame, médiate la fe. Fuera jactancia, la gloria le doy, tan sólo por gracia me salvó.

Cristo por gracia me salvó, Cristo sólo por gracia me salvó, ésta es la historia, es Suya la gloria, Cristo por gracia me salvó”.

Hermanos míos, vivamos en libertad, no en deuda. Si es que hemos de vivir en deuda, vivamos en deuda de compromiso, de gratitud y responsabilidad. “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios, soy un deudor” (Romanos 1:14) Esta es una buena deuda a Dios porque nos ha perdonado y al mundo porque no conoce el perdón de Dios.

Pablo con orgullo espiritual dice: “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido en vano en mí, antes he trabajado más que los demás (apóstoles), pero no yo, mas la gracia de Dios en mi” (1 de Corintios 15:10)

No he leído una palabra de Pedro, Pablo, Juan o alguno de los escritores del Nuevo Testamento, donde alguno de ellos pida perdón o sugiera que se pida el perdón de Dios, cuando un creyente ha caído. Cuando un creyente ofende a otro creyente o a la iglesia, eso sí requiere que se pida el perdón al hermano o a la iglesia. Y la restauración, es siempre lo que se busca en toda ocasión. Después de creer, recibir y experimentar el perdón de Dios en Cristo, todo lo que hacemos es confesar a Dios nuestra falta y darle gracias por el perdón que continuamos recibiendo. Cristo murió una vez y fue ofrecido por los pecados del mundo. Y sólo una vez se puede nacer de nuevo y ser salvo.

Sé, que estas últimas palabras levantarán algunas cejas y hasta polvo en las mentes de algunos de mis hermanos, pero les ruego que si no están de acuerdo conmigo, no se alteren, ni me juzguen mal. Oren por mi y pídanle a Dios, que si estoy herrado, que me ilumine y me corrija. Estoy seguro, que ninguno que es salvo perderá su salvación, sino lo cree así. Por Su gracia fui, soy y seré perdonado de todo mi pecado. Y la promesa de Cristo a Pedro es mía y de todo redimido: “Pero Yo he rogado por ti, que tú fe no falte; y tú una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:32)

Que el año 2010, que se ha asomado, sea uno de libertad amplia y gloriosa. Que el fruto del Espíritu sea evidente en todos nosotros. Que la gente que venga al templo y que no conoce a Cristo, pueda ver ese gozo de libertad espiritual. Que nuestra santidad sea contagiosa y nuestro testimonio sea verdadero y contundente. Si le falló, trate de no fallarle, pero si le falla, recuerde que el fracaso viene, cuando quedamos caídos, no cuando caemos. “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 de Corintios 3:17)

Si estoy en Cristo, soy libre de la pena del pecado, de la paga del pecado y un día de la presencia del pecado. Pero soy un deudor, en términos de gratitud, servicio y obediencia a Cristo.

Daniel Sotelo

Autor: Daniel Sotelo

Nacido en Guadalajara, Jalisco, emigró a los Estados Unidos en 1950. Estudio en California Baptist University y en el Golden Gate Baptist Tehological Seminary, obteniendo su bachillerato y fue recientemente honrado con un doctorado. Desde 1954 ha sido pastor en 4 iglesias y ha servido como moderador en tres Asociaciones bautistas en diferentes áreas de California. Ha sido presidente del Compañerismo Bautista Nacional y de California, además de servir como Vice-presidente de la Convención Bautista de California. Ha viajado y predicado en 55 países.


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