La misma naturaleza de la iglesia demanda que el pastor esté bien cerciorado y centrado en su filosofía y práctica pastoral. La Biblia describe a la iglesia en diferentes formas: 1) El cuerpo de Cristo y 2) siendo El mismo, su cabeza.

El templo o casa y habitación del Dios eterno, Cristo es la fundación.

La esposa del Cordero, por la cual Él dio Su propia vida y le suple todo lo necesario.

Es el rebaño del Señor, y Él es el pastor de las ovejas. Es la plenitud de Cristo, la expresión máxima de Su naturaleza. Y cuando pienso en la “plenitud de Cristo” aquí en Efesios 1:23, no estoy pensando en la naturaleza de Cristo, como en Colosenses 2:9. Lo que Pablo está diciendo aquí en Efesios es que la Iglesia es la expresión máxima de la naturaleza de Cristo. Es el canal de la gracia de Dios. Porque es el cuerpo de Cristo. La esperanza del mundo está en el Evangelio de Cristo, pero la esperanza del Evangelio está en la Iglesia, la cual Cristo comisionó para predicarlo. (Marcos 14:16; Hechos 1:8)

No entraré en ninguna discusión teológica sobre las cinco diferentes expresiones bíblicas, pero sí diremos que la iglesia es un organismo espiritual dinámico y no una mera organización e institución humana. Este grupo se compone de personas que han experimentado el poder transformador del Espíritu Santo. Han nacido de nuevo. Son nuevas criaturas y pertenecen a la familia de los redimidos por la sangre de Cristo. Esto los hace una agrupación diferente y única en el mundo.

Todo esto fue realizado al momento que el individuo reconoció su condición espiritual. Al haber escuchado la Palabra de Dios y por fe y arrepentimiento recibió a Cristo como Señor y Salvador personal. Seguidamente, fue bautizado de acuerdo a las Escrituras y ahora es miembro del cuerpo de Cristo. “Pues por un Espíritu todos fuimos bautizados en un cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber de un Espíritu” (1 de Corintios 12:11) El ser bautizados por el Espíritu los incorporó a la familia de Dios, y ser bautizados por inmersión en agua los trajo a ser miembros del cuerpo visible, que llamamos iglesia local.

Sí, esta organización es imperfecta, muchas veces raquítica en apariencia y pequeña en términos numéricos, pero comisionada y habitada por el Señor de los señores. Gloria sea a Su bendito nombre, yo soy miembro de éste augusto y majestuoso organismo. ¡Y por 42 años tuve el privilegio de ser nombrado pastor de ella! Qué privilegio y qué responsabilidad.

Aquí viene la pregunta; ¿cuándo se considera a un cuerpo como iglesia? Créamelo, ésta es una buena pregunta. Porque muchas veces la iglesia se considera el cuerpo de Cristo, pero es sólo un simulacro porque para que la iglesia sea la iglesia, tiene que estar enganchada haciendo la voluntad de Dios. La iglesia es siempre iglesia, cuando se está realizando Su voluntad. Al ser Su cuerpo, la iglesia es la encarnación de Aquél que la compró. Esto puede ser en el templo, en una casa, el parque, hospital o en donde quiera que se encuentren los miembros de la iglesia, si están viviendo bajo el control y dirección del Espíritu Santo, no pueden menos que ser la iglesia. Puede ser en culto de alabanza y celebración, estudio bíblico, compañerismo o en cualquier otra actividad para extender el Reino de Cristo.

La iglesia es iglesia, siempre que está siendo obediente a las cinco funciones básicas de su ministerio. Al proclamar el evangelio, al hacer discípulos, al servir en el nombre de Cristo, al celebrar Su nombre en alabanza o adoración y congregar al pueblo en compañerismo cristiano.

Permítame incluir un pensamiento que inyecta la forma en que las cinco funciones de la iglesia funcionan. Sin la oración, ni la predicación, enseñanza, celebración, ministerio o compañerismo serán inefectivos. La oración es como el oxígeno para la vida. La oración es la acción vertical que obrará en la barra horizontal. Y si algo hemos de aprender de los apóstoles, es esto. Ellos no pidieron al Señor Jesús que les enseñara a predicar, estrategias o a enseñar. Ellos pidieron, “Señor, enséñanos a orar”. Me parece que hemos descuidado esta práctica. Buscamos formas para recaudar fondos. Los miembros del ministerio de finanzas preparan presupuestos, pero no oran suficiente para que el Dueño les guíe a fuentes potables. Los domingos oramos tal vez unos 3 a 6 minutos, cantamos de 20 a 30 minutos, hacemos anuncios de 5 a 10 minutos y gastamos mucho tiempo sin comunicación personal con Dios. ¡Y queremos que Dios bendiga!

En conclusión, nuestro enfoque en las cinco funciones de la iglesia, las estrategias para implementarlas, las finanzas para realizarlas, el personal para equiparlo y los materiales necesarios, todo esto sale sobrando si nuestro enfoque no es la oración ni nuestra relación personal con Cristo. Piense en esto: ¿cuánto busco a Dios en oración? ¿Y, estoy guiando a mi congregación en esta disciplina tan importante en la vida diaria?

La institución más bendecida después del hogar, es la iglesia. La iglesia no vive para sí, existe para ser la luz en las tinieblas y la sal de la tierra.

¡Hermano y colega en la obra, no hay un llamado superior que ser pastor de cuerpo de Cristo! Si usted ha sido llamado a servir al Señor en esta capacidad, usted tiene el rango más privilegiado y la responsabilidad más delicada de cumplir. El llamado más sublime y por lo tanto de mayor demanda. Usted está dando su vida en servicio, por el mismo grupo al que Cristo ofreció voluntariamente su vida para redimir. Aquí pisamos tierra santa; el fuego sigue ardiendo…

No importan las faenas y dificultades, los desprecios e ingratitudes, la recompensa viene de lo alto. Aún cuando se siente el deseo de renunciar, como el profeta Jeremías, siempre hay un fuego en el alma que no se puede apagar. Nosotros, si somos llamados a pastorear, somos también miembros del cuerpo. Por lo tanto, son sus pies para ir en pos de lo perdido, sus manos para hacer las obras que agradan al Padre, sus labios para hablar del amor de Dios o el poder de la palabra, sus ojos para ver a las multitudes descarriadas como ovejas sin pastor, sus oídos para escuchar el clamor de los que sufren y ser el bálsamo recuperador. He dicho en el pasado que el pastor debe ser un buen “ovejeror” u ovejero, apacentador. Para poder hacer esto con éxito, especialmente en iglesias pequeñas, es menester visitar, conocer y velar personalmente por el rebaño a su cargo. Las congregaciones no crecen por las predicaciones domingueras, por buenas y dinámicas que sean, es menester ministrar personalmente durante la semana.

Una grey bien cuidada produce lana para el invierno frío y corderillos no sólo para la reproducción del rebaño, sino aún para la barbacoa. Y cuando la manada crece, el pastor, bíblicamente, vive de ella. Yo estoy seguro que el número de siervos bi-vocacionales rebajaría drásticamente si pudieran servir bajo esa filosofía y con esa anticipación. Porque la Biblia dice: “El obrero es digno de su salario”. También recalca: “No pondrás bozal al buey que trilla”. Y hay varios otros pasajes que claramente hablan de la responsabilidad de la iglesia, en relación con el sostenimiento del siervo que honestamente la cuida. El que siembra, recoge y come.

Además debemos decir, que el llamado al pastorear, a pesar que es el más sublime y elevado en el Reino, también demanda mucho más. Y sólo aquél que es llamado de Dios para esta labor, puede sentir el fuego irresistible y la voz inaudible pero segura del Señor. Jeremías 20:9 dice: “Pero si digo: No lo recordaré ni hablaré más en su nombre, esto se convierte dentro de mí como fuego ardiente encerrado en mis huesos; hago esfuerzos por contenerlo y no puedo”. ¡Oh! Sí, dice Pablo en Primera de Timoteo 3:1: “Palabra fiel es ésta: Si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer”. Pero tenga mucho cuidado, que la voz que escucha sea la de Dios y no la de papá, mamá u otro individuo, ni la suya misma. Y si Dios le ha llamado, El se encargará de toda su vida. “Mi Dios suplirá, todo lo que os falte, conforme a sus riquezas en gloria, en Cristo Jesús” Filipenses 4:19.

Daniel Sotelo

Autor: Daniel Sotelo

Nacido en Guadalajara, Jalisco, emigró a los Estados Unidos en 1950. Estudio en California Baptist University y en el Golden Gate Baptist Tehological Seminary, obteniendo su bachillerato y fue recientemente honrado con un doctorado. Desde 1954 ha sido pastor en 4 iglesias y ha servido como moderador en tres Asociaciones bautistas en diferentes áreas de California. Ha sido presidente del Compañerismo Bautista Nacional y de California, además de servir como Vice-presidente de la Convención Bautista de California. Ha viajado y predicado en 55 países.


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