¿Cuál es el propósito de la predicación?

“…Sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la voluntad de Dios, agradable y perfecta”

Esperemos cambio al predicar. Oremos por la transformación del pueblo que nos escucha. La predicación de la Sagrada Escritura, es posiblemente una de las armas más potentes y efectivas que tenemos para alcanzar al incrédulo para Cristo. Pero también es una de las herramientas que Dios nos ha dado para hacer discípulos.

El cuidado pastoral, se hace durante la semana. Pero la predicación reflejará el conocimiento que el pastor tiene de sus ovejas. Es menester que el pastor sea ovejero, como dice Swindoll, “debe oler a oveja”. Y es aquí, cuando la predicación puede ser un factor formativo, no sólo evangelístico. La predicación puede ser, nutritiva, instructiva, correctiva y exhortativa.

La predicación es como el heliómetro de un barco, grande o pequeño, es como el timón, sin el no hay movimiento. La predicación Bíblica es ese instrumento que hace que la Iglesia no esté estática.

La Biblia es muy clara, cuando habla de lo que Dios desde la eternidad, intenta hacer con el hombre. En Romanos 8:28-29, Pablo dice: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestino para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos”.

Es muy claro que Dios desea que todo redimido sea formado y hecho a la imagen de Jesús. El, no sólo es nuestro Señor y Salvador, es también nuestro molde. Y como Juan 3:16 incluye a todo el mundo, cuando predicamos, sólo Dios sabe a quien a escogido y por medio de la predicación será revelado. Cuando el individuo que ha escuchado la Palabra y la fe a comenzado a producir deseo veremos su crecimiento hasta que el Espíritu lo lleve a los pies de Cristo. Por lo tanto mi trabajo como predicador es, escudriñar la Biblia, orar y estar bien preparado, “como obrero que no tiene de que avergonzarse, que traza bien la Palabra de verdad”, porque sólo Dios conoce los corazones. Predicaré, con autoridad, convicción y expectativa, porque Su Palabra nunca viene a El vacía. Es el “Verbo, que hizo carne” el cual predicamos.

Sin embargo, debemos reconocer que la Palabra no es sólo para la salvación, sino también para la formación. Pablo dice:

“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” Gálatas 4:19

Por lo tanto la finalidad de nuestra predicación debe siempre ser, ayudar al creyente a asemejarse más y más a Cristo y a que el fruto del Espíritu pueda verse cada día más y más en el. Porque ese es en realidad el carácter de Cristo. Ya tenemos a Cristo, pero su carácter no se ha formado en nosotros. Y si no hay cambio de vidas, no hay predicación efectiva.

¿Qué es lo que esto incluye? ¿Cómo es que yo pienso? ¿Cuáles son mis convicciones y valores que aporto? ¿Qué es lo que creo de la Biblia, la salvación, el cielo, el infierno, la iglesia, mi responsabilidad como hijo de Dios? ¿Cuál es la doctrina que sostengo y por la cuál contiendo arduamente? ¿Tengo la mente de Cristo? (Filipenses 2:5)

¿Cómo es que me siento? ¿Cómo soy por dentro? “Porque de la abundancia del corazón, habla la boca,” dijo el Señor Jesús. ¿Qué clase de carácter reflejo en mi sentir y practica? ¿Qué declara mi vida, con mis hechos y acciones? En otras palabras, ¿soy integro? ¿Soy un hijo de Dios en madurez, o estoy en los rudimentos de la fe, después de años? ¿Cumplo mi palabra?

¿Cómo es que vivo? ¿Cuál es mi conducta? ¿Cuáles son los frutos evidentes de mi fe en Jesucristo? ¿Hay cohesión entre mi fe, mi pensar y mi conducta? ¿Tengo mis ojos fijos en el Autor y Consumador de mi fe? ¿Estoy en Su palabra? ¿Permanezco en la verdad? ¿Estoy escalando, o estoy en meseta, estático? (Hebreos 12:2; Lucas 4:20 y Mateo 14:28-30) ¿Cuándo quitamos los ojos de Cristo, nos hundimos como Pedro? Pero mirarlo, sin seguirle y obedecerle, no nos lleva a Su semejanza. Es menester conocerlo en Su palabra.

Se dice que nunca en la historia de los Estados Unidos de Norte America, el evangelio se ha propagado, como en el presente. Pero al mismo tiempo, nunca hemos estado tan lejos de la semejanza de Cristo como ahora.

“Rick Warren dice: ”Es la predicación, no hemos entendido el propósito de Dios y Su Palabra.” Las cuatro palabras claves en 2 de Timoteo 3:16-17 son; “enseñar, redarguir, corregir, instruir en justicia.” ¿Con que fin? Para que el creyente este enteramente preparado para toda buena obra.

Para ser un creyente 1. Completo, 2. Capacitado, 3 Comprometido, 4 Compasivo, 5 Cooperativo, 6 De Carácter distintivo.

Hermano y pastor, la exegética es importante, entender el fondo de la Escritura es crítico, pero la aplicación es indispensable. Sin aplicación, no hay, ni transformación, ni evidencias del fruto del Espíritu. Hay de aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace. La aplicación es como la medula de nuestro mensaje. ¿Cuántos Samaritanos (as) me están escuchando? ¡Deseamos hacedores, no sólo oidores! Broadus dice: “La aplicación no es un apéndice al mensaje, ni tampoco algo subordinado, es el corazón.”

La Palabra no ha cambiado. Su poder no se ha disminuido, su eficacia es la misma, como El que la inspiró.

Es pertinente. Practícala, predícala, prefiérela y puntualízala.

Daniel Sotelo

Autor: Daniel Sotelo

Nacido en Guadalajara, Jalisco, emigró a los Estados Unidos en 1950. Estudio en California Baptist University y en el Golden Gate Baptist Tehological Seminary, obteniendo su bachillerato y fue recientemente honrado con un doctorado. Desde 1954 ha sido pastor en 4 iglesias y ha servido como moderador en tres Asociaciones bautistas en diferentes áreas de California. Ha sido presidente del Compañerismo Bautista Nacional y de California, además de servir como Vice-presidente de la Convención Bautista de California. Ha viajado y predicado en 55 países.


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