Introducción

Nuestro Señor Jesucristo mismo declaró claramente esta verdad: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10(b) El Apóstol Pablo en Romanos nos traza el camino de cómo realizar esa vida y vida en abundancia.

Empiezo el nuevo estudio exegético y práctico con el conocimiento de que el tema del evangelio en Romanos es vasto y profundo. No traigo todas las herramientas necesarias para sondear sus verdades libertadoras. Sin embargo dependo del Espíritu Santo para que me dé la iluminación tal que te sean edificantes los estudios.

Lo que voy a compartir es el fruto de unos casi 60 años de meditación y enseñanza llevada a cabo en 16 países de América Latina, en Canadá, EEUU y Rusia. Habiendo sido profesor del Instituto Bíblico Río Grande por 56 años, estas verdades las he enseñando muchísimas veces y me han consumido de tal manera que no puedo menos que decir que me han forjado mi corazón. Pero todo aquello no vale nada sin la iluminación del Espíritu Santo y una vida de fe y obediencia. Dios me conceda mi petición.

Ya que el evangelio de Dios, el tema de Romanos, es tan vasto y profundo, me voy a dirigir a una meta más específica—examinar muy a fondo sólo Romanos 5-8– dedicada al evangelio, la buena nueva en Cristo. Propongo hacerlo de la siguiente manera:

  1. la condenación del incrédulo Romanos 1: 18 – 3:20
  2. la justificación del creyente Romanos 3: 21- 4: 25
  3. la santificación o la unión nuestra con Cristo Romanos 5: 1- 8: 39.

No voy a tratar de hacer una exégesis verso por verso; más bien trataré de examinar los conceptos teológicos y básicos y hacer una aplicación práctica a la vida del creyente. Me dirijo principalmente a los pastores y a futuros líderes espirituales para que sepan darles de comer del manjar espiritual a los suyos. Habrá un énfasis fuerte en cómo realizar bajo el Espíritu Santo la realidad que es nuestra unión con Cristo. Ese tema de nuestra unión, siendo injertados nosotros en él, muertos al pecado y a la ley y vivos para Dios en Cristo Jesús, tal es mi enfoque. Que seas fiel en perseguir estas gloriosas verdades.

El Mensaje de la Cruz la cumbre de la intervención divina

A los corintios les escribió Pablo: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios . . . Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan la sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.” (1 Cor. 1:18, 22-24)

A partir de las epístolas de Pablo, él aplica este Mensaje de la Cruz a la necesidad particular de cada iglesia local, sea de la ligera división, (Filipenses), herejía, orgullo, falsa doctrina (Corinto), legalismo (Gálatas), ascetismo y judaísmo (Colosenses), las bases de las iglesias locales (Cartas Pastorales), etc. Pero en cambio en la epístola a los Romanos nos da de manera serena una definición, una descripción y una aplicación del evangelio en su plenitud. Nos lleva de la condenación a causa de los pecados a la justificación por medio de la propiciación y a través de la santificación hasta la glorificación. Muestra de manera sobresaliente la gracia de Dios, la sublime redención en Cristo que nos lleva a la profunda unidad con el Crucificado y resucitado Hijo de Dios. Por fin en Romanos 1-8 el Mensaje de la Cruz redundará para la gloria de la gracia de Dios en Cristo Jesús.

La Urgente necesidad de oír el Mensaje de la Cruz en nuestras iglesias latinoamericanas

En mis viajes por América Latina desde 1969 y en mis años en el Instituto Bíblico Rio Grande, he observado que el evangelismo se ha destacado en gran manera resultando en muchas iglesias que brotan por muchas partes. Eso es bonísimo. Pero el discipulado o la enseñanza básica de la riqueza de la vida en unión con Cristo no se ha predicado con el mismo fervor ni hondura. Cuando se oye, repercute en gran bendición a las almas, pero escasamente se oye.

Llamo este tema el Mensaje de la Cruz que en breve es “Cristo en vosotros, esperanza de gloria.” (Col. 1:27) “Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí.” (Gal. 2:20) Al usar este término incluyo por supuesto los dos grandes elementos: el primero es la muerte vicaria de Cristo. Ese punto quiere decir Cristo por nosotros, nuestro sustituto, muriendo en nuestro lugar, justificándonos de todos nuestros pecados. Claro que es el fundamento puesto. “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.”(Cor. 3:11) Pero un fundamento puesto sin ser sobreedificado no lleva a cabo el gran propósito de Dios. “En quien (Cristo) todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Ef. 2: 21,21)

El segundo elemento básico tiene que ser Cristo en mí y yo en él. En breve lo que pasó a Cristo en la Cruz pasó a mí de igual manera. “Porque en cuanto murió,( Cristo) al pecado murió una vez por todas, mas en cuanto vive, para Dios vive.” (Rom. 6:10) y los que “morímos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él.” (Rom. 6:2) Mi mentor de antier, el Dr. F. J.Huegel, el decano de los misioneros a Mexico (1920-1970), solía decir, “Romanos 6 es el evangelio para los evangélicos.” Éste es el énfasis que quiero hacer en estos estudios que se desarrollarán. A través de los años de ministerio esto ha sido mi carga por los hermanos tanto en inglés como en español. El Mensaje de la Cruz me ha sostenido en tiempos placenteros y difíciles. Te dará a ti el mismo sustento y fruto para su gloria. ¡Dios me conceda este honor!

El Trasfondo de Romanos

El obispo H.C.G. Moule, famoso catedrático de la Universidad de Cambridge y exégeta por excelencia de griego de las epístolas paulinas sugiere lo siguiente: “Fue en el mes de febrero en el año de nuestro Señor 58 estando en la casa de Gayo en Corinto teniendo a su lado el amanuense, Tercio, se dirige a los convertidos de la misión en Roma. (Rom. 16:22,23) Entre varios planes Pablo quería dentro de poco ir a Jerusalén llevando la ayuda económica a los pobres de Jerusalén. Además había expresado su deseo en la voluntad de Dios de ir a Roma (Hechos 19:21). Sin duda pensaba en Aquila y Priscila, sus amigos quienes estaban en Roma y muchos otros amigos a quienes les iba a saludar en Rom. 16, unos 25 en total, además de los de varias casas en donde se reunían los hermanos.

Semejanzas entre Gálatas y Romanos escritas a la vez

En la providencia de Dios durante su estadía de tres meses en Corinto, Pablo escribió su apasionada carta a los Gálatas quienes sufrían la traición de los judaizantes. Ya que llevaba en su corazón las dos cargas—el temor por los Gálatas, sus hijos en la fe y ahora el plan de ir a Roma– se puede identificar la gran semejanza entre estos dos libros. En Gálatas se trata del papel de la ley, la verdadera razón de la ley y la tergiversación de ella por los judaizantes (Véase Romanos 1-8). Siendo Pablo judío, antes fariseo, pero ahora esclavo de Cristo, sin duda pesaba sobre él el plan divino para los suyos (Romanos 9-11). Estos temas Pablo iba a desarrollar con la serenidad y calma en Romanos.

En Romanos quiere él destacar la gracia de Dios y lo hace magisterialmente tanto en Romanos como en Gálatas, pero sin el problema urgente de los judaizantes. Por eso se trata de la ley que se hace conocer el pecado sólo con el fin de dirigir al pecador a Cristo. (Romanos 3:1-20, 21-26) Pero la ley no sirve para nada santificar al creyente. Ya murió al viejo hombre (Rom. 6:1-16) y a la ley (Rom. 7:4,5) para dejar que el Espíritu Santo produjera la verdadera justicia de Dios en Cristo. (Rom. 8:1-4)

Además Pablo toca el plan de Dios para los judíos, el mismo pueblo de Pablo, “al judío primeramente y también al griego.” Desarrolla el gran misterio de la promesa a los hijos de Abraham, el remanente puesto a un lado para injertar al gentil y finalmente instaurar al judío con el gentil en el reino mesiánico de Cristo. (Rom. 9-11) Después de tratar a fondo la esencia de la vida unida a Cristo en muerte al pecado, a la ley y vivida para Dios por el Espíritu Santo (Rom. 5-8), Pablo se dirige a los aspectos prácticos de la vida cristiana que fluyen por la gracia de Cristo siendo formado en el creyente unido a él. (Rom. 12-15)

La Salutación de Romanos Romanos 1: 1-7

Bajo la inspiración plenaria y verbal, Pablo se dirige a esta iglesia a la cual no había visitado nunca. Pero anticipaba la realización de su deseo de pasar por Roma en camino a España en otro viaje misionero. “Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros, cuando vaya a España, iré a vosotros porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado de vosotros.” (Rom. 15:23, 24) Sin duda alguna Pablo se daba cuenta de la creciente importancia de las iglesias en la capital del mundo y quería dar cuenta de su apostolado y su mensaje. En esto tenemos el por qué de la carta.

La manera de presentarse él es muy paulina. Destaca su posición humilde y exalta la dignidad de su llamado y el objetivo de todos sus esfuerzos y todo en una sola oración. “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios.” (1:1) Hoy en día nos cuesta apreciar el rol del esclavo. Realmente no se puede decir «rol», porque el esclavo era puro vasallo, cosa por venderse y comprarse. Sin embargo la idea aquí es uno totalmente puesto a la orden del patrón, sin desear jamás de tomar decisiones propias, ni considerar nada ajeno a la voluntad de su señor. Pablo se gloría de esta aceptación voluntaria que le motiva en su ministerio. Este mismo concepto me agarró a mí en mi adolescencia: “O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo . . . y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio, glorificad pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” (1 Cor. 6:19,20)

Pablo hace referencia a su mensaje y su apostolado. Primero les afirma que su mensaje no es novedoso; lejos de ser algo nuevo tiene su origen en todos los profetas del Antiguo Testamento. (1:2) Hay continuidad; no lanza un nuevo mensaje. De esa manera afirma la autoridad y la relevancia del Antiguo Testamento. Como antiguo fariseo que tenía en muy alta estima los profetas vuelve a hacer hincapié que su confianza está en las Sagradas Escrituras. Pone muy en claro que además del mensaje de los profetas, en segundo lugar su mensaje es netamente cristocéntrico. “acera de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado (designado, definido) Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.” (1:3,4) En breves palabras afirma firmemente la humanidad de Jesús—del linaje de David — y luego su deidad declarada tal porque el Padre lo levantó de entre los muertos.

De ese trasfondo certificado por el Antiguo Testamento y el reciente mensaje apostólico, él mismo ha recibido su autorización, su legítimo apostolado siendo el apóstol a los gentiles “por la fe en todas las naciones por amor de su nombre.” (1:5) Con esa certidumbre Pablo se dirige a los desconocidos romanos siendo de igual manera llamados a ser santos. Es importante notar el énfasis sobre la santidad: primero según el Espíritu de santidad, amados de Dios, llamados a ser santos. En Romanos su énfasis caerá sobre la santidad de Dios. En el evangelio Dios los declara justos (justificación) y en su unión con Cristo en muerte al pecado y a la ley los hará santos, Dios hace plena provisión tanto para su posición legal ante el Juez como su condición moral de santidad diaria.

La ocasión anticipada para la próxima visita Romanos 1:8-15

Cogemos una vislumbre del corazón del Apóstol. Pablo es muy bueno en desvelar su pasión por los hermanos, aun los no conocidos. Tiene un corazón muy pastoral. Con una buena palabra de ánimo y gratitud, les asegura de sus intercesiones a su favor, no de pura rutina sino de profundo amor en Cristo. Planea el viaje pero en otras muchas ocasiones no le han resultado posibles. No todos sus planes se realizan, pero se da cuenta de que la voluntad de Dios sólo vale y se acomoda a lo que Dios permite con un buen espíritu de resignación “Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros, (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles.” (1:11-13) (Véanse también: Hechos 16: 6-10; 2 Tes. 2:17.18).

Su motivación en desearlos visitar es el de impartir algún don (carisma o gracia) espiritual a fin de confirmar su fe. Les escribe con el mismo desinteresado espíritu, no buscando lo suyo sino lo de Cristo (Fil 2: 1-4). De ninguna manera se veía como si fuese algún portador automático de bendición sino más bien como un partícipe con ellos en ese espíritu de mutualidad espiritual. No hay orgullo «espiritual» de ninguna manera. ¡Qué humildad! ¡Qué mansedumbre—evidencia del Cristo formado en él!

Termina el párrafo con una consagración entera y compromiso total al evangelio: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.” (1:14,15)

Otra gran bendición de este estudio algo profundo de nuestra unión con Cristo es el ejemplo de Pablo mismo. Al final de su vida escribiendo a Timoteo dijo: “Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.” (1 Tim. 1:16). También escribiendo a los mismos romanos dice: “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mis corazón porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos, lo que son mis parientes según la carne.” (Rom. 9:1-30). Jamás se ha visto tanta consagración y entrega—fruto de la madurez de Pablo llevado a cabo por el Mensaje de la Cruz. Esto lo examinaremos con la ayuda del Espíritu Santo. Espero que me acompañes en estos estudios. A Dios sea la gloria.

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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