Seguimos comentando la relación que el conocido pastor Charles Spurgeon sostenía con la Biblia. Él creía firmemente en las palabras que el apóstol Pablo escribió a Timoteo, y obedecía fielmente al mandato: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. Por esta causa Spurgeon fundó el Colegio del Pastor, para entrenar a jóvenes que se dedicaran al ministerio en Londres y también para que sirvieran como misioneros en diversas partes del mundo.

El Colegio del Pastor fue fundado en 1856 con un solo estudiante, pero pronto se agregaron más estudiantes. Spurgeon hacía ver muy claramente que su Colegio no fabricaba predicadores; todos los candidatos al entrenamiento tenían que tener al menos dos años de experiencia como predicadores, y tenían que comprobar “alguna medida de éxito”, es decir, algunas conversiones. Tenían que tener el ‘don de la predicación’, que podría desarrollarse más plenamente en sus años de estudio. El Colegio tenía el propósito de entrenar a predicadores más bien que formar académicos. Un objetivo fundamental era ayudar a los estudiantes a entender la palabra de Dios.

Al término de cada semana, Spurgeon mismo pronunciaba una conferencia que era “coloquial, familiar, saturada de anécdotas y de humor”. Estas conferencias contenían también muchas referencias autobiográficas. Después de varios años las conferencias fueron editadas como libro con el título de: Conferencias a mis estudiantes, y un somero estudio de las mismas provee una amplia evidencia del deseo que Spurgeon albergaba de impartir a otros el amor y reverencia para la Biblia. Quería que sus estudiantes, al igual que él mismo, se convirtieran en predicadores que expusieran la Biblia. La única manera de lograrlo es estudiar la Biblia e impartir la verdad escritural de tal manera que los oyentes anhelaran ardientemente conocer más y más la verdad. Los oyentes tienen el derecho de conocer más. Spurgeon decía: “nuestros oyentes tienen el derecho de recibir explicaciones precisas de la Santa Escritura, y si tú eres ‘algún elocuente mediador muy escogido’ (Job 33: 23), un verdadero mensajero del cielo, “los podrás alimentar abundantemente”.

Advertía a sus estudiantes para que no cayeran en la trampa de predicar sermones sobre ‘textos’ que estuvieran divorciados del ‘contexto’ y de esta forma fueran únicamente ‘pretextos’. Sus muy expresivas palabras al respecto fueron:

“Algunos hermanos concluyen con su texto tan pronto como lo han leído. Habiéndole rendido el debido honor a ese pasaje particular, anunciándolo, no sienten ninguna de necesidad de referirse a él nuevamente. Saludan con el sombrero, por decirlo así, a esa parte de la Escritura, y se trasladan a los campos que tienen nuevas pasturas sin ningún vínculo con las Escrituras… La manera más segura de lograr la variedad es adherirse a la mente del Espíritu Santo en el pasaje particular bajo consideración. No hay dos textos que sean exactamente similares; algo en el contexto o en el sentido del pasaje proporciona a textos aparentemente idénticos, un matiz que lo hace diferente… Además, un sermón llega con mayor fuerza a las conciencias de los oyentes cuando es claramente la propia palabra de Dios, cuando no es una conferencia acerca de la Escritura, sino la Escritura misma abierta y aplicada.

Spurgeon exhortaba a sus estudiantes no solamente a predicar “la verdad” y “toda la verdad” sino también “cada una de las partes de la Escritura pues sabía que cada una de las partes es “útil”.

Además de recalcar la importancia que tiene el asunto de un sermón, es decir, el contenido escritural del mismo, Spurgeon daba útiles consejos a sus estudiantes en cuanto a la “elección del texto”. Era extremadamente práctico en su enfoque que podríamos resumir en las propias palabras del pastor: “haremos una pausa con nuestras Biblias abiertas, y devotamente buscaremos ser guiados a aquella porción de la Escritura que sea de mayor utilidad en esta ocasión”.

Para Spurgeon era de suma importancia una plena confianza en la guía y la unción del Espíritu Santo y procuraba que sus estudiantes adquirieran esa confianza. No le merecían una buena opinión aquellos predicadores que se esforzaban por escoger textos que encajaran artificialmente en ocasiones especiales. Daba como ejemplo a un predicador que había visitado tres veces Holanda con el objeto de predicar. En su tercera visita predicó sobre el texto: “Esta es la tercera vez que voy a vosotros” (2 Corintios 13: 1). También hubo un ministro que predicó sobre “Abraham murió” (Juan 8: 52) con motivo de la muerte de Abraham Lincoln.

Creo que muchos de los conceptos vertidos en este artículo son aplicables a todos los estudiantes de la Biblia y no sólo a los candidatos al ministerio. Todos debemos tener una plena confianza en la guía y unción del Espíritu Santo en nuestro estudio de la Biblia. Todos debemos leer la Biblia completa y todos debemos hacerlo perseverantemente.

Allan Román

Autor: Allan Román

Tiene un Certificado de Teología de Spurgeon’s College, Londres y traduce: www.spurgeon.com.mx


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