Hoy día se habla mucho del liderazgo en la Iglesia del Señor.  Mucho se escribe y se debate desde varios puntos de vista. Puede ser de beneficio reflexionar sobre el tema tan importante como el liderazgo y como funciona en la vida del creyente y en el Cuerpo de Cristo.

Hay la Iglesia Invisible compuesta de todos los justificados y la iglesia local que es la expresión, a veces imperfecta, de la Iglesia Invisible. La iglesia local se aproxima a la Iglesia Invisible, pero puede incluir a los simpatizadores, a los profesantes no más, con los verdaderos creyentes.

Peligros presentes en el liderazgo latino

Ya que la  iglesia local se encuentra en el mundo con las distintas culturas, no se puede evitar el impacto tanto negativo como positivo de tal trasfondo. En América Latina es fuerte la realidad del síndrome del “caudillo o cacique,” quien históricamente ha ejercido una influencia en demasía en la política de los países latinos. Es fácil que se transfiera directamente tal sistema del liderazgo a la iglesia local. La cultura lo favorece mucho.
Otra tendencia en las iglesias del norte es el patrón del mundo de los negocios.  Lo que resulta en la mercadotecnia, según se dice de parte de muchos, debe funcionar también en la iglesia. Las cifras, las mega-iglesias, la fama del pastor y evangelista carismático, todo constituye una influencia muy fuerte.  Pero la pregunta que contestar es: ¿Cuál es el patrón o el molde bíblico que Dios reconocerá y bendecirá?

Se suena mucho y con buena razón: Como va el dirigente o líder, así va la iglesia, o sea el hogar, el matrimonio o cualquier relación que Dios ordena.  Si es verdad, vale la pena esta nueva serie la cual propone lo siguiente:

Liderazgo bíblico  –  Principios bíblicos

  • en la vida de Jesús al dar una invitación y dos mandatos Mateo 11:25-30
  • en Pablo con respecto a Jesús en la encarnación  Filipenses 2: 5-11
  • en Juan como presenta a Jesús en el aposento alto   Juan 13:1-20
  • en Pedro como apóstol con respecto al líder  1 Pedro 5:1-11

Personajes que ilustran el cómo llegar a ser líder frente a su realidad

  • en Enoc quien anduvo con Dios   Gen. 5:22-26; Heb.11: 5, 6
  • en Moisés frente a dos críticas muy severas   Núm. 12:1-16; 16:1-50
  • en Josué ante el pecado escondido de Acán   Josué  5-7
  • en David ante la unción y el posponer de ascender el trono1 Sam: 16-31
  • en Isaías después de haber sido profeta y el encuentro con Jehová  Isa. 6
  • en Daniel en medio de una larga vida en lo ajeno de su ministerio  Daniel

Mi meta en la serie es analizar el liderazgo de Jesús, siendo él el maestro por excelencia. No hay la manera de mejorar tal ejemplo; además es él quien vive en el creyente y producirá las mismas cualidades que manifestó tan claramente en medio de su propia situación contraria.  Primero veremos a Cristo mismo que lo dijo en Mateo 11;  Pablo lo elabora en el creyente en Filipenses; Juan recuerda la noche antes de la crucifixión y Pedro lo aplica en la iglesia local.

Después de hacer el estudio expositivo de estas porciones, veremos como el Espíritu Santo en el Antiguo Testamento condujo el proceso del quebrantamiento, el mensaje de la Cruz.  Estos personajes “sujeto(s) a pasiones semejantes a las nuestras” llegaron a ser ejemplos del verdadero liderazgo o sea del Antiguo Testamento o del Nuevo.  Quiero hacer unas aplicaciones bien prácticas y mostrar el cómo que opera en nosotros la vida resucitada de Cristo.

Dos advertencias oportunas

Quien busca en esta serie sólo una nueva técnica, nuevo programa, nueva estrategia psicológica saldrá decepcionado. Lo esencial del liderazgo no es lo que se hace sino lo que se es. El dirigente no se nace, sino que se hace como barro en las manos del alfarero. El liderazgo se forja en la prueba, la humillación, en la obediencia y por la fe en la Palabra de Dios.

Cuando escribo del líder y el liderazgo, NO me refiere sólo al pastor, al evangelista, al anciano o al diácono, quienes tienes ciertas responsabilidades en la iglesia local. Me refiere a todo creyente que tiene su mundo alrededor. Puede ser el esposo que dé ejemplo a su esposa y a su familia; puede ser la esposa que ponga el ejemplo a los hijos y a los demás quienes sean. Puede ser un hijo o una hija que haga brillar su ejemplo en su propio campo misionero muy particular.  Cada creyente tiene su campo misionero, su ambiente donde puede brillar para Cristo.  El liderazgo no es más que Cristo viviendo en el creyente.

Mateo nos introduce a Cristo y a “La Vida cristiana normal”   Mateo 11: 20-30
Para poder apreciar este pasaje, hay que volver al contexto.  Acababa Jesús de recorrer las ciudades más cercanas a donde vivía: Corazín, Betsaida y Capernaum (11:21, 23). Sus palabras las condenaban fuertemente porque en la misma presencia del Mesías rechazaban tanto el mensaje como los milagros de Jesús. Con las palabras sorprendentes decía: Más tolerable en aquel día del juicio final la suerte de Sodoma y Gomorra que la de estas infames ciudades.  Oír la verdad y no recibirla es merecer la ira de Dios.

La Oración de Jesús a su padre  Mateo 11:25-27

Aunque sabemos que Jesús era hombre de mucha oración, ésta es una de las pocas veces que tenemos la oración misma, breve pero bien directa y por eso importantísima. “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios, y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (11:25,26 – unas treinta y tres palabras). En breve, dice que la verdad no le cae al religioso, ni al oidor o el merecedor sino a los “niños,” famosos por la fe, la aceptación y la obediencia.  Tal principio fundamental confunde a los sabios y pone al revés el sistema del mundo religioso.  Basta decir: a Dios se lo agradó. Isaías dice lo mismo en palabras tan elocuentes: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isa. 55:8,9).

De la misma manera Isaías dice: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para  vivificar el corazón de los quebrantados” (Isa. 57:15). Dios mismo está accesible a quien oye la verdad, pero siempre y sólo bajo las condiciones que él mismo pone –la humildad y el arrepentimiento de “los que están trabajados y cargados.”

Quien recibe humilde a Jesús conocerá la intimidad del Padre mismo (Mateo 11: 27)

Pero en esta introducción Jesús agrega una verdad sorprendente.  Sus vecinos lo rechazaron, pero a los “niños,” a los humildes, a los “pobres en espíritu” se revelaba a sí mismo. En torno Jesús revela una cadena de privilegios o recompensas inesperados. “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre, y nadie conoce al  Hijo, sino al Padre ni al Padre conoce a alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (27). Es una declaración bien profunda: Quien me recibe y mi enseñanza, va a llegar a conocerme a mí, en torno tal como yo conozco a mi padre, tal conocerá a mi padre.  De esta manera el simple creyente llega a conocer la intimidad del Hijo y la del Padre: todo esto abierto al “niño,” al menos capacitado, según dice el mundo religioso.

Todo lo que sigue en la invitación tan bien conocida y el desarrollo de la vida cristiana normal en Mateo 11:28-30 procede sobre esta base de una actitud del “niño,” del quebrantado, del humilde y del contrito. Dios está siempre al alcance sólo de “los trabajados y los cargados.” Ésta es la vida cristiana normal según Watchman Nee.”

¿Qué tiene que ver todo esto con el liderazgo? Mucho, en muchas maneras.  No a los grandes teólogos ni a los sabios se revela Dios, sino a los quebrantados de corazón. Éste es el mensaje de la cruz. Éste es el proceso de forjar a líderes y empieza desde el primero paso dado y no cambia nunca para nada.  Esto no es como el mundo prepara al líder, siempre con la educación, con la tecnología, la experiencia, según los principios de la burocracia.  No cabe lugar en la vida cristiana el líder que quiera realizarse a sí mismo, sus talentos y sus dones.

Una perspectiva más balanceada frente a los dones del líder

La mucha enseñanza de los dones del Espíritu que en los años recientes ha afligido a la iglesia procede sobre una base falsa, no la base de Jesús y esta verdad. Esto no es para negar la verdad de los distintos dones de Efesios. 4; Romanos 12; 1 Pedro 4 y 1ª Cor. 12-14.  Pero Pablo por esta razón del posible abuso de los dones, pone 1ª Corintios 13, el capítulo del amor, entre el trato de los dos dones, a veces controversiales.  No es el ejercicio mismo de los dones sino la motivación de dónde sale el verdadero don que edifique a la iglesia de Señor. La motivación es del Cristo que vive en el creyente quebrantado, contrito, conocedor de la Cruz y la obra de la Cruz.

Nunca me olvido del consejo de L. E. Maxwell, dirigente de Prairie Bible Institute en Three Hills, Alberta, mi mentor, mi maestro que me ponía el constante ejemplo de esta bendita verdad de la Cruz.  Nos decía: “No leas sólo la palabra de amor o caridad repetida muchas veces, sino que se lee así: Cristo en mí es sufrido, Cristo en mí es benigno; Cristo en mí no tiene envidia, Cristo en mí no es jactancioso, Cristo en mí no se envanece etc.”  ¡Cómo ese cambio de palabras cambia el rumbo de la controversia de cuál es el mejor don, el más espiritual, el más buscado por el ayuno y la proyección psíquica!

¿Cuál es la raíz del problema del liderazgo hoy día?   El orgullo humano

Esta serie sobre el liderazgo bíblico volverá vez tras vez al mismo problema. No nos sorprende la raíz, ya que fue el primerísimo pecado en los cielos y el primero en el Huerto de Edén. Sólo la Cruz a final de cuentas trata con tal problema y lo trata positivamente en nuestra porción: “Aprended de mí, porque soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29).  El contexto nos prepara para tal verdad por ilustrar gráficamente el ejemplo del orgullo y la confianza egoísta de Corazín, Betsaida y Capernaum (11:21-24) que en lugar de ser los primeros en aceptar  al Mesías, lo desconocieron.  No creyeron en él.  En la corta oración al Padre, Jesús destaca la razón. No es el oír ni ver sino la fe del “niño” que le hace entrar al creyente en una relación íntima con Jesús y por consiguiente con el Padre mismo.

Jesús aclara esta acción por el Padre en los términos más fuertes al decir: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste  estas cosas de los sabios y los entendidos, y las revelaste a los niños”  (11:27).  No es tanto que estos sabios no puedan entender sino que Dios a propósito les esconde esta verdad, un principio tan básico de su persona.  No pudo él transigir o acomodar esta verdad fundamental para complacer al ser humano. Dios es Alto y Sublime (Isa. 57:15) y se revela sólo a los contritos y a los quebrantados.

Observaciones por hacer en esta introducción del liderazgo bíblico

  1. La nueva serie tiene por propósito aplicar el liderazgo bíblico muy ampliamente a todo creyente en su propio campo de acción: pastor, anciano, diácono, padre, madre, esposo, esposa y joven.
  2. El liderazgo no se ve tanto en el hacer sino en el ser delante de Dios.
  3. El modelo exclusivo es Jesús en su encarnación y ministerio ante sus discípulos, el mundo, sus enemigos y, sobre todo, ante su Padre celestial.
  4. La introducción nos presenta de manera anticipada los principios realizados en Jesús, aplicados por Pablo, Juan  y Pedro, pero vistos en acción a través de los santos del Antiguo Testamento.
  5. Aunque la porción por estudiar Mateo 11: 28-30 es la gran Invitación de hallar pleno descanso en Cristo, el contexto ubica esas verdades en la única manera de acercarse a Dios o en la salvación inicial o en “la Vida cristiana normal” (Watchman Nee) en cualquier momento.
  6. La verdad fundamental con respecto al verdadero liderazgo es el Mensaje de la Cruz, que es la única manera de neutralizar la Némesis (enemigo) del orgullo/soberbia humano.
  7. “Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón;” Cristo destaca dónde debemos empezar y a quién seguir.

LA PROMESA DE UN VERADERO DESCANSO EN DIOS

Introducción

Hoy en día hay un fenómeno bastante común entre los líderes espirituales. Se llama quemarse o en inglés “burn out.”  Esto se refiere a un profundo decaimiento psicológico, una depresión que resulta en el deseo de ‘tirar la toalla’ y a veces una caída espiritual y aun moral. Puede haber una base física o hereditaria; en tal caso vale la pena buscar ayuda profesional.  Pero muchas veces la causa de tal fatiga espiritual es que tratamos de hacer la obra de Dios usando sólo los escasos recursos de la carne, no los abundantes recursos del Espíritu Santo.  Dejamos de llevarnos por la carne que no puede nunca agradar a Dios (Rom. 8:5-8). Cristo mismo dijo: “Separado de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5). En nuestra porción Cristo nos da el remedio: venid a mí, llevad mi yugo, aprended de mí, porque soy manso y humilde de corazón. Hay un descanso prometido por simple venir a él y un descanso realizado en llevando el yugo y aprendiendo de él, el verdadero líder humilde. Cristo en nosotros es la garantía de nuestro reposo.

En el primer estudio preliminar observamos que Mateo pone la Gran Invitación dada a “los trabajados y cargados” (Mateo 11:28-30) en el contexto de su denuncia de las ciudades, tales como Capernaum que rechazaron tanto sus milagros como su enseñanza. Luego sigue una breve oración a su Padre Celestial en la cual Jesús subraya que la verdadera revelación de la verdad se le da sólo a los “niños,” es decir, a los orgullosos no. Tal recepción de la verdad introduce al “niño” (al humilde) al Hijo quien en torno lo introduce a Dios mismo. Esa bendecida intimidad está al acceso de todos los que vienen así de manera receptiva y obediente.  Para tal aceptación hay las condiciones definitivas que resultan en el reposo espiritual o en la victoria en Cristo.

El peligro de “burn out” o el decaimiento y el desánimo en el liderazgo

Para el tema del liderazgo esta verdad del reposo en Cristo es de mayor aplicación.  “Burn-out” o decaimiento y “quemarse” aflige a todo creyente que trata de servir a Dios  en la energía de la carne.  Así afligió hasta a Pablo en dicha ocasión en Romanos 7:24: ¡Miserable de mí ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?   Nuestra porción bíblica nos da la invitación de Jesús tanto de acercarnos a él en la salvación inicial como de acercarnos a él todos los días en los momentos de la crisis ministerial.

El primer mandamiento: “Venid a mí, todos los que estáis trabajos y cargados” – Mateo 11:28

No hay palabra más sencilla que la palabra “venir.” Hace tantos años que al oír nosotros  –ven– la invitación de los padres a que nos acercásemos a ellos; desde los primeros pasos más inciertos que dimos nos respondían con gusto.  Nos abrazaban con una sonrisa, contentos que ya dábamos los primeritos pasos.  No les importaba cómo llegáramos a ellos, nos recibían y nos agarraban.  ¡Cuánto más nuestro Padres celestial recibe a sus “niños!” Así la invitación sincera que Jesús le extiende o sea tanto el primer paso de la fe salvadora como el más reciente acercamiento en medio de las pruebas de la vida. Siempre está allí para recibirnos.

Pero hay un factor importantísimo.  Sólo los “trabajados y cargados” son los que son recibidos por Dios o sean los arrepentidos o los que no confían en sí mismos. El primer verbo es activo, el segundo pasivo, indicando todo el ámbito de la vida. Sólo a tales los recibe él para dar el descanso de los que tienen sus pecados perdonados o a los que buscan nuevas fuerzas para seguir adelante. Por eso Corazín, Betsaida y Capernaum (11:21-24) por ser tan inteligentes y sabios no entendían su mensaje. Tantos los fariseos como los saduceos no entendían nunca su mensaje ni mucho menos se acercaban a él.

Dios no tiene nada que decir al orgulloso, al soberbio. Es esa verdad básica se aplica tanto al que busque la salvación sobre las bases de sus méritos como al creyente que quiera servir a Dios por la conveniencia o la buena fama. Dios sólo se revela (11:25, 26) y les hará descansar por su gracia a los necesitados, los que no tienen recursos propios (11:28).

Esta verdad la sabemos muy bien con respecto al incrédulo. Pero el creyente necesita urgentemente entender que sólo los quebrantados de corazón son aquellos a quien Dios les da este reposo.  Son tales que pueden descansar en Cristo como el todo en todo de su vida y su servicio en su nombre.  Si Dios no reduce al incrédulo a la nada, no lo salva; de igual manera si no nos reduce de depender sólo de él, no hay tal reposo que prevenga el desánimo y el “burn out.” Sólo a los pobres del espíritu Dios les da su bienaventuranza  (Mateo 5:3-12).  El Sermón del Monte recalca esta verdad que veremos a través de este estudio. Es el mensaje de la Cruz, nada más ni menos.

El segundo mandamiento: Llevad mi yugo sobre vosotros  – Mateo 11:29 (a)

El quebrantado de corazón o sea el incrédulo que cree en Cristo tanto como el creyente de muchos años tiene que llevar el yugo (tomar su cruz en otro texto – Mateo 16:24; Marcos 8:34; Lucas 9:23.  No hay otra opción alguna.  Cristo insiste en que los que reciben su descanso lleven su yugo y tomen su cruz.  Pero agrega luego: “Mi yugo es fácil y ligera mi carga (11:30). No nos pide lo que él no nos suple. No hay nada que temer.  Pero sólo los quebrantados entienden qué suave es su descanso en medio del torbellino de la injusticia y los ataques del enemigo que nos vienen en encima cuando servimos de todo corazón al Señor.

Note otra vez la repetición tan frecuente de este principio de la sumisión y la fe que depende sólo de él.  Toda la respuesta divina gira alrededor de ese principio. Tal principio no nos cae bien a nuestra carne, el viejo hombre. Por eso regresamos a la Cruz para saber cómo Dios lo juzgó de un vez para siempre. Regreso a mi verso favorito: “Sabiendo esto que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él para que el cuerpo del pecado sea destruido (cancelado o anulado) a fin de que no sirvamos más al pecado (es decir, ese viejo hombre confiado en sí)” (Rom. 6:6).

No me canso ni pido disculpas por regresar a lo que Cristo hizo en la cruz. Sólo nos toca decir: “Amén, Señor, acepto con gratitud el fin de mi vida vieja.”  En tal actitud de corazón  llevar la cruz no es ni difícil y ni pesada carga.  No hay tal sustituto por esta verdad. Si no se acepta de todo corazón, las batallas nos van a derrotar, nuestras escasas fuerzas nos fallan y el liderazgo en nuestro campo traicionará a Jesús.  Resulta el “burn out” y el decisión de ‘tirar el toalla.’

El tercer mandamiento: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”  Mateo 11:29b

Venimos ahora al punto clave.  “Venir a mí” marca la invitación, el acto de fe que llega y la actitud que debemos mantener.  “Llevad mi yugo” significa tomar la cruz, andar al compás de él en la obediencia.  “Aprended de mí” nos reta a ser aprendiz mayormente en el área de la mansedumbre y la humildad.  En estos tres mandatos Jesús puntualiza lo esencial del liderazgo bíblico. El hecho de que Jesús se describe a sí mismo en estas dos virtudes tiene que poner muy en claro que éstas son las áreas de nuestra mayor debilidad, si no el pecado más apegado a nuestro ser.

Cristo presenta la vida como un constante aprender, no termina porque nunca alcanzamos la plenitud de su santidad. El aprendiz reconoce sus faltas, su necesidad de desarrollar su potencial. Su actitud es una de sumisión, humildad, una mente receptiva, en breve, barro en manos del alfarero. Lo más lejos es la soberbia  y la confianza en sí mismo.

Es interesante que Jesús no se describa a sí mismo en términos de su sabiduría infinita, su autoridad sobre Satanás, su poder de realizar hazañas en la creación y milagros de sanidad.  Pone el dedo en la llaga del creyente por identificar la lección más urgente de aprender. Jesús lo hace con buena razón. ¿Cuál fue el pecado original, el primero que irrumpió en el cielo y creó al diablo mismo?  ¿Cuál fue el pecado que tornó el cielo en un infierno futuro? Lucero se contempló y se rebeló contra Dios; la esencia del pecado es el orgullo (Isaías 14: 4-20; Ez, 28:11-19).

Juan el Bautizador lo expresa gráficamente: “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego . . . el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:10,11). La obra de Cristo en la cruz de una vez trató con ese mal que contagia a cada ser humano. Sólo Cristo y nuestra muerte al pecado puede anula el poder del viejo hombre, manifestado en el orgullo humano (Rom.6:1-14).  El líder más que nadie necesita apropiar esta muerte porque el liderazgo promueve fuertemente el orgullo secreto y abierto su nombre, su autoridad, sus talentos, sus derechos y su control de otros. Hay que soltar lo mío para recibir lo de Cristo. No hay ningún sustituto de esta verdad. Nos cae extraño pero nos libera.

Una Distinción importante  “os haré descansar y hallaréis descanso para vuestra almas”

Si se lee la versión española con cuidado se notará que Cristo usa un solo verbo pero con dos diferentes construcciones gramaticales con un matiz que debemos captar.  Es muy significante.  Al venir a él en simple fe nos hace descansar, otorga un descanso permanente. La idea del verbo es hacer cesar, refrescar, dar alivio. Esto es una condición que nos garantiza la aceptación delante de su padre (véase 11:27). Podemos decir que esto se refiere a la justificación: aquel fiat u orden jurídica que nos declara tan justos como Cristo mismo, perdonándonos nuestros pecados y dándonos un estatus, una posición inalterable ante el juez justo.  El “os haré descansar” es un hecho respaldado por el Juez justo en base sólo de la muerte vicaria de su amado Hijo.

Pero el verbo traducido en español “hallaréis descanso” afirma que hay el descanso dado y el descanso hallado. Puede haber una gran diferencia en la vida del creyente entre el dado y el hallado.  El descanso dado estriba en el venir en fe y el descanso hallado estriba en el llevar el yugo y aprender de él en la humildad. Viene siendo un andar por realizar el descanso bajo las condiciones de tomar la cruz y seguir aprendiendo de él. En otras palabras negativas Cristo dice en las palabra de Pablo, muriendo con Cristo y dejando que la Cruz, ese veredicto divino con respecto a nuestro «yo» o el orgullo, esté siendo tomando lugar constantemente en el andar del creyente. Esto es la formación del verdadero líder.  Es un andar diario muy cerca del maestro caracterizado por esas virtudes que lo destacan, la de la mansedumbre y la humildad.  ¡Qué tremenda lección por aprender para cada líder creyente! No importa cuál sea su campo de acción.

Debemos mirar más de cerca las cualidades de Jesús: la mansedumbre y la humildad. Ambas palabras no eran comunes ni admirables en la cultura griega. Eran en cierto sentido virtudes no por buscar. Pero el evangelio las subió a un lugar no conocido antes en la cultura pagana.  Es decir, no existían esas virtudes a parte de lo que Cristo trajo al ser humano. La palabra manso quiere decir: gentil, dulce, apacible.  Toca más el carácter interior ante Dios, pero manifestado en una ecuanimidad, bondad para con todos con quienes se trata. Alguien ha dicho que la mansedumbre no es la debilidad de carácter sino la fuerza del carácter bajo el control de Dios. Moisés fue el hombre más manso en el Antiguo Testamento (Números 12:3)

La humildad trae la idea de lo bajo, lo pequeño, la criatura ante el Creador. Nos vemos como lo somos en presencia de Dios. Es la gracia de la humildad que atrae al “Alto y Sublime que habita en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15).

Lecciones por aprender del maestro por excelencia

  1. 1.  La invitación de venir a Jesús es genuina y nos garantiza alivio y aceptación ante su Padre y a la vez nos introduce a la misma intimidad de la Trinidad (11:27)
  2. El descanso dado es seguido del descanso hallado a base de tomar la cruz y aprender de él.
  3. El área del aprendizaje del líder es la mansedumbre y la humildad y no el desplegar nuestro «yo,» talentos, dones aun dados por Dios, mucho menos nuestro control de otros.
  4. Jesús describe su yugo como algo bueno, sano, y bondadoso y servicial, nada de evitar.
  5. Las cualidades de Jesús deben ser la meta de cada líder que desee servir en su nombre.  No cabe el “caciquismo” ni “caudillismo” tan común en la cultura nuestra.
  6. Dios no puede premiar de ninguna manera el egoísmo en el creyente; no importa la manifestación tan minuciosa.
  7. Pero el manso el humilde de corazón vive en nosotros y no lo queremos ofender nunca por introducir lo viejo en lo nuevo.

EL LIDERAZGO Y LA HUMILDAD EN EL MANTERNER DE LA UNIDAD – Filipenses 2:1-12

Introducción

En el primer estudio Jesús mismo ofrece descanso tanto al que llega por primera vez (la justificación) como al que siempre llega para mantener esa comunión (la santificación) que previene el “quemarse,” el “burn out.” “Venid a mí los que estáis trabajados y cargados . . . llevad mi yugo . . . y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:28,29). Lo notable son dos cosas: 1.) sólo los menesterosos, los quebrantados de corazón son recipientes de su descanso divino. No admite nunca al egoísta y al confiado en sí mismo; 2.) el área del aprendizaje crucial es desaprender el orgullo y aprender la humildad. Tales condiciones garantizan el «sabatismo» o el reposo que “queda para el pueblo de Dios” (Heb. 4:9). En breves palabras, la santificación, nuestra unión con Cristo, es el único antídoto por el desánimo y el “burn out.”

El Liderazgo y la humildad en el mantener de la unidad

A primera vista no hay mucha conexión entre el liderazgo y la unidad. Pero veremos que el liderazgo en la carne siempre resulta en la desunión y la separación entre los hermanos. El líder carnal establece su “reinado;” busca la manera de controlar y manipular a los seguidores de Cristo para su propios intereses. Pablo hacía frente a esto en las iglesias de Galacia. “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo por deciros la verdad? Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos” (Gal. 4:16,17).

El verdadero liderazgo fomenta y promueve siempre la unidad del cuerpo de Cristo. Debemos tomar muy en cuenta que el líder queda sujeto a la Cabeza de la Iglesia y tal se interesa muchísimo en el bienestar de todo el cuerpo. Herir al miembro del cuerpo es herir a la Cabeza. Nos resulta muy serio el liderazgo que busque sus propios fines y así divide el cuerpo de Cristo. Muchas veces la división tan común en las iglesias hoy en día tiene por base el orgullo y la búsqueda de seguidores. El líder bíblico no busca a los seguidores personales sino sólo con el fin de introducirlos a la Cabeza misma.

El Planteamiento de Jesús frente al liderazgo secular contra el espiritual

Hacia el fin de su ministerio el Señor hizo frente al deseo de sus propios discípulos de ser el primero, el “mero mero.” Santiago y Juan con su madre pidieron trato muy especial para sí. Los demás se enojaron porque ellos tuvieron el mismo deseo. Nuestro Señor planteó esta verdad básica en este contexto: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizado con el bautismo con que yo soy bautizado? Y dijeron: podemos” (Mateo 20:22). Locamente dijeron que sí porque no entendían nada del costo del quebrantamiento.

Ahora viene la verdad clave del liderazgo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir; y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20: 25-28). Tan importante es esta verdad que se repite también en Marcos 9:35 y Lucas 24: 24-27. Quien no aprende esta lección se descalifica de ser líder entre los hermanos.

Jesús y su enseñanza vistos a través de los ojos de Pablo Filipenses 2: 1 – 12

Para comprender mejor la vida de Pablo tenemos que volverlo a ver en su trayectoria pasada. Parece que Saulo de Tarsus era un líder muy esforzado y con ese talento humano el orgullo venía siendo una parte íntegra de su vida. Se esforzó por salir bien en su religión: “Porque ya habéis oído cerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres” (Gal.1:13,14). Pablo da su testimonio de los haberes de que antes se gozaba: “circuncidado el octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de los hebreos; en cuanto a la ley fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible” (Fil. 3: 5,6). Pero Pablo tuvo que desaprender todo aquello y con mucha razón hablaba más de la humildad y la mansedumbre que cualquier otro escritor bíblico.

La Situación de la iglesia de Filipos

Pablo expresa mucho cariño por los filipenses, una iglesia cooperativa con él, con quienes él metió el evangelio por primera vez en Europa. (Véase Hechos 16:11-40) Pero si hubiera habido algún defecto, hubiera sido una tendencia hacia la desunión. Después de dar las sinceras gracias por su participación en el evangélico (1:5), Pablo comparte su situación del encarcelamiento en Roma y la suerte común de sufrir por Cristo (1:27-30). Luego dice con más tristeza y claridad: “Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor. Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio . . .” (Fil. 4: 2, 3).

Si tomamos nota de algo importante, Pablo introduce la carta dirigiéndosela a los obispos y a los diáconos o a los líderes de la iglesia (1:1). En cierto sentido les da la responsabilidad de mantener la unidad en medio de las tendencias contrarias. Al empezar capítulo dos Pablo se mete en su afán –el egoísmo, el orgullo sutil y el espíritu divisivo. Por una serie de comparaciones muy positivas, Pablo les urge que “completen mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.” Luego en forma negativa recalca: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria. Antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo, no mirando cada uno por lo suyo propio, sin cada cual también por lo de los otros” (2:2-4).

Para lograr el fin de unir a los filipenses, Pablo nos da en Fil. 2:5-11 un pasaje cristocéntrico sin par en todo el Nuevo Testamento. Sin embargo su propósito no era el de dogma ni doctrina en lo abstracto sino en la práctica de la unidad espiritual. Esto es en sí muy notable. No es la verdad en proposiciones ortodoxas sino la verdad encarnada y vivida en los quehaceres de la vida. Pablo no entra en los detalles que los teólogos han venido debatiendo por los siglos sino en la humildad tanto para el obispo y diácono como para Evodia y Síntique. Se debe caracterizar tanto al líder como al seguidor por la humildad. Sólo de esa manera se garantiza la unidad y el ejemplo verdadero del dirigente.

La Humildad divina en toda su gloria y magnificencia Fil. 2: 6-11

En la exposición de esta porción tan rica, no voy a tratar de sacar la verdad tan clara de su deidad absoluta. Esta verdad la creemos y tenemos por aceptada sin cuestión alguna. Cuando “se anonadó o se humilló a sí mismo” (2:8) no dejó ni por un segundo su deidad eterna e integridad absoluta de ser la segunda Persona de la Trinidad. Siempre era y siempre será el Verbo eterno, el Cristo pre-encarado. El gran valor de esta porción es su aplicación cotidiana a nuestra manera de vivir como creyente, como líder o en la casa, en el matrimonio en la familia, la iglesia, la escuela dominical o donde Dios nos ponga.

Investiguemos los elementos de esa decisión tomada desde la eternidad pasada.
En primer lugar nuestra pobre mente no es capaz jamás de sondear la hondura de estos hechos. Tracemos estos sietes pasos para abajo:

  1. “el cual siendo en forma de Dios:” (6) “forma” quiere decir la manifestación indiscutible de la realidad. No tiene nada que ver con las formas variables. Juan 1:1-3 afirma y establece esta realidad.
  2. No estimó ser igual a Dios como cosa a que aferrarse:” (6) su decisión fue voluntaria, no forzada, ni obligada. Contó el precio de dejar las prerrogativas, los derechos innatos de ser Dios para tomarnos en cuenta. Esto se originó en él mismo.
  3. “sino que se despojó a sí mismo:” (7) renunció sus derechos legítimos y se vació de lo suyo por un acto supremo de su voluntad bajo el mando de su Padre celestial.
  4. “tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres:” (7) Esta condescendencia nos es incomprensible ya que somos barro; él es el alfarero y creador que de la nada nos formó, estando nosotros muertos en pecado.
  5. “y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo:” (8) El misterio del Dios que se hizo hombre, milagro incontrovertible siendo hombre con todas las limitaciones sin el pecado (Heb 4:15). Las comparaciones aquí no fallan: el hombre que se hiciese hormiga no se asemejaría nunca a tal comparación.
  6. “haciéndose obediente hasta la muerte:” (8) Dios hombre optó por no obrar, ni hablar ni hacer nada que su Padre no obrara, hablara e hiciera. Llevó una vida totalmente bajo la obediencia más absoluta de su Padre celestial. Lo hizo de buena gana.
  7. “Y muerte de cruz:” (8) No había muerte más anatema ante Dios (Deut. 21:23; Gal. 3: 13). Tal muerte era el epítome de la maldición de Dios. No fue la muerte ni de ejemplo ni de mártir sino la muerte vicaria del Cordero de Dios (Juan 1:29).

Todo este resumen nos deja pasmados. Tal amor, tal entrega, tal compromiso por quienes éramos viles, enemigos, débiles: “Y a vosotros también que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado” (Col.1: 21). Todo esto es la teología de la cruz, pero esto no es el enfoque de la porción; no es dogma sino praxis (práctica) que nos obliga como vivimos ante Dios y nuestros prójimos.

El resultado de semejante humillación no puede ser menos que la exaltación final en toda la gloria que merece. “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (9-11). No puede haber más renombre después de tal humillación, el Mensaje de la Cruz, primero la muerte, luego la resurrección y la ascensión.

La Aplicación principal de esta obra maestra Fil. 2: 5

Todo lo que es de Cristo en su eternidad, su pre-encarnación, su encarnación y su muerte vicaria, ahora se aplica exclusivamente a nuestra manera de vivir y relacionarnos el uno con el otro. Tanto el líder con el seguidor o vice versa tiene que vivir bajo este ejemplo.

“Haya, pues, en vosotros este sentir, que hubo también en Cristo Jesús” (2: 5). Ahora viene algo que no había visto yo antes, pero da significado y sabor de manera muy llamativa. El texto original se presta no tanto a Cristo como ejemplo sino que esta verdad, la humildad es ya producto de nuestra en unión con Cristo; el texto dice que hubo una conexión en unión en Cristo Jesús. Sí que Cristo es nuestro supremo ejemplo, pero tal pone en nosotros el deber, la necesidad de seguirlo e imitarlo.

La humildad nos es una virtud imposible de producir e imitar. Se ve muy fea si la tratamos de fingir. Pero Cristo que se humilló, se anonadó, ya vive en nosotros, nos toca dejar que él en nosotros produzca la misma reacción de negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguirlo en el espíritu del crucificado (Lucas 9:23.24). Esto acompaña el consejo de Jesús: “aprended de mí porque soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:28-30).

La etimología de la humildad es la bajeza; lo opuesto de la humildad es la altivez (2 Cor. 10:5). En estas dos posiciones podemos ver el espectro, la gama de lo espiritual y lo carnal. Cristo se bajó, Satanás quiso subirse. La Cruz es el trato divino para con la altivez en todo aspecto. Nos corresponde la humildad ante Dios porque somos bajos y él es “Alto y Sublime” (Isa. 57:15). En el mensaje de la Cruz aceptamos plenamente nuestra bajeza y se traduce en la buena voluntad de servir como esclavo a nuestro prójimo. La etimología de la mansedumbre es la ternura y la misericordia. La mansedumbre se refleja la humildad ante Dios en la mansedumbre hacia el prójimo. El manso y humilde lleva su vida en nosotros que andamos por la fe (Rom. 1:17).

Para el líder esto debe ser el primer paso que lo califica para dirigir la obra de Dios. Sin esta humildad no puede haber la bendición de Dios. Lastimaremos a los que nos rodean, lo cual Pablo niega: “Nada hagáis por contenida o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo, no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Fil. 2:3,4).

Lecciones por aprender de Pablo en Filipenses

  1. 1. Jesús estableció el principio fundamental de la humildad. Este antiguo orgulloso fariseo lo había aprendido bien y exhorta a los amados filipenses.
  2. Jesús puso en marcha este principio al dejar lo suyo, lo legítimamente suyo, y por eso puede exigir nada menos de los suyos.
  3. La humildad no es producto del creyente imitando al ejemplo del Maestro. La carne no puede producir ni la humildad ni la santidad.
  4. La humildad es la dinámica de Cristo que nos llevó a cruz de una vez y produce en nosotros el espíritu que sirve de buena voluntad a los demás.
  5. La humildad produce en el cuerpo de Cristo la unidad; el orgullo o la carne tanto en el líder como en el seguidor produce la desunión sectaria.
  6. La humildad pone en acción la dinámica de la cruz; es la piedra de toque del evangelio. ¡Qué contradicción es predicar la cruz de manera orgullosa!
  7. El líder verdadero va delante de los suyos habiendo aprendido de Aquel que es sobre todo “manso y humilde de corazón.”
Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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