Un joven sentado en las bancas de la iglesia siente el anhelo de dar su vida al servicio de Cristo y estar en el púlpito como un pastor. ¿Es un deseo romántico o legítimo? ¿Es un producto del orgullo o del Espíritu Santo? ¿Quién podría ser un pastor en la iglesia?

Pablo en las cartas pastorales describe las cualidades para el pastorado (1 Tim. 2: 11-3:7). En medio del pasaje hay una declaración: “Se dice y es verdad”(Palabra fiel RVR60) (1 Tim. 3:1). Equivalente a decir: Confiable es la palabra. Es una manera de hacer recordar la veracidad de lo que se lee. Es como un autor citando el Antiguo Testamento, (Hech 2:17 cp. Joel 2:28), no dice: “Este profeta dijo”, sino, “Dios dice”.

1. ¿Qué es un pastor?
a. El pastor es un obispo
La palabra obispo es “episcopos” (1 Tim. 3:1) y viene de la misma raíz de la palabra telescopio, que se refiere a mirar a otros para cuidarlos. El obispo en el Nuevo Testamento no es un “pastor de pastores” como hoy en la iglesia Luterana o Católica, ya que este rol vino como 200 años después de Cristo. En la Biblia el obispo es equivalente a un anciano o presbítero (Hech. 20:17 cp. 20:28; Tit. 1:5,7). Dentro de estos cuidadores espirituales habían los que servían especialmente en la prédica y la enseñanza, que equivale a la función del pastor hoy (1 Tim. 5:7).

b. El pastor es un siervo
Cristo mismo es el buen pastor (Jn. 10:11) quien dijo que no ha venido para ser servido sino para servir y dar su vida por muchos (Mar. 10:45). El pastorado no es un oficio de poder ni de prestigio, pero sí de servicio para el bien de otros.

c. El pastor es elegido por Dios
Pablo describe a la iglesia como la iglesia de Dios (1 Tim. 3:5). Aunque puede tener nombre, Pentecostal, Bautista o Presbiteriana; en su esencia es establecida por Dios. Cada denominación tiene sus reglas para nombrar pastores, pero la realidad es que Dios utiliza estos sistemas para nombrar a su pastor. Como dijo Juan Newton, el autor del himno, Sublime Gracia: “Solamente él quien creó el mundo, puede hacer un ministro del evangelio”.

2. No es para las damas ser pastoras
El Nuevo Testamento reconoce el rol importante de las mujeres en la iglesia; ellas fueron las más fieles, hasta la cruz (Jn. 19:25 cp. Mat. 26:56), y también hasta la tumba (Jn. 20:1). Cristo y Pablo experimentaron mucho apoyo de las damas en su ministerio (Luc. 8:2,3; Rom. 16: 1, 3, 6, 12, 15) y la mujer samaritana era una evangelista efectiva (Jn. 4:39).

Pero Pablo argumenta en 1 Tim. 2: 11-15 que no es para las damas tomar autoridad sobre el varón en la labor pastoral. Su argumento no es asunto cultural, más bien es por razón de la creación y la caída (1Tim. 2:13-14). Ambos eventos influenciaron las naturalezas masculina y femenina, y sus roles dentro de la iglesia.

3. No es para el 99% de los varones ser pastores
Pablo hace una lista de requisitos para ser un obispo: 12 positivos, 5 negativos. Se puede dividir esta lista en cuatro categorías principales. El que desea de ser un pastor deben ser:

a. Moralmente recto (1 Tim. 3:2)
El pastor es alguien libre de acusación es su vida. Está con una sola mujer; es una persona digna, prudente, juiciosa, correcta y también, hospedador. No es un hombre perfecto porque solamente Cristo es así; pero como Pedro, cuando hay pecado en su vida, hay un arrepentimiento genuino (Luc. 22:62).

b. Capaz de enseñar (1 Tim. 3:2)
Esta habilidad docente está dentro del contexto de las falsas doctrinas y sus mensajeros (1 Tim. 1:3; 6:3). Es más que la facilidad de comunicar bien, es enseñar efectivamente acerca de la persona y el mensaje de Cristo. Hay hermanos que por naturaleza son muy buenos habladores pero el pastorado no es para ellos porque hablan por su propia cuenta y no presentan la revelación de Dios.

c. Maduro en la fe (1 Tim 3: 3-6)
El pastor debe haber rechazado el amor por el dinero y el licor, y no debe ser una persona violenta, tal vez en su palabra; más bien es alguien paciente y bueno. La prueba está en su propia casa y sus relaciones familiares. A veces los hijos de los pastores son rebeldes y causan mucha pena a sus padres. Pero el ministro genuino es una copia del padre del hijo pródigo en su amor (Luc. 15:20).

d. Con una buena reputación (1 Tim. 3:7)
Pablo dice que debe tener un buen testimonio de los de afuera. Por ejemplo: Un hermano es empleado y su jefe le termina el contrato de trabajo porque es muy malo; consigue otro trabajo pero de nuevo tiene problemas y sale; y la misma cosa pasa una tercera vez; entonces el hermano decide que el pastorado es para él. Pablo dice: No, porque no hay una buena reputación.

¿Entonces?
Pablo dice que el pastorado es un buen trabajo o función (1 Tim 3:1). El pastorado es para las personas que son cumplidas, juiciosas y buenos trabajadores que aman a Cristo y a la Palabra, y son llamados por Dios.
Cada lector cristiano es llamado por Dios para servirle en diferentes maneras. La Reforma, siguiendo las Escrituras, rechazó la idea de vocaciones religiosas y vocaciones seculares. Si él o ella es fiel, sea una cocinera, jardinero u obispo tendrán la misma recompensa: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré en un cargo mayor ¡Ven a compartir la felicidad de tu Señor!” (Mat. 25:21).

David Ford

Autor: David Ford

Editor de Recursos Teológicos


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